Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar

 

“Zacatecas: donde el corrido arde como pólvora”

 

Para los archivos resonantes del alma mexicana

 

  1. El corrido que sopla las brasas del recuerdo

 

La Revolución Mexicana no sólo se vivió en los campos de batalla, sino en los labios del pueblo. A veces, la canción antecede a la historia. A veces, el verso es más verdadero que el parte militar.

Aquí presentamos el corrido popular de la Toma de Zacatecas, en una de sus versiones más antiguas y cantadas:

 

Corrido de la Toma de Zacatecas

 

EL VEINTE Y TRES DE JUNIO

LO TENGO BIEN SEÑALADO,

CAYÓ LA CIUDAD DE ZACATECAS

EN PODER DE LOS VILLISTAS BRAVOS.

 

Temprano por la mañana

comenzaron los cañones,

y a eso de las cuatro de la tarde

ya sonaban los balazos a montones.

 

Las mujeres asustadas

corrían buscando rincones,

y los hombres, en las cantinas,

juraban vengar a sus corazones.

 

En la loma de La Bufa

los Dorados dieron gritos,

“¡Viva Pancho Villa, carajo!”

se oyó entre el humo y los gritos.

 

El general Felipe Ángeles

dirigía con su cañón,

mientras Villa con sus hombres

galopaba sin perdón.

 

El suelo tembló con fuerza,

tronaban los federales,

pero el pueblo ya sabía

que esa tarde cambiaban los males.

 

Cuando cayó la Bufa,

y ondeó la bandera roja,

supimos que la Revolución

tenía sangre, alma y hoja.

 

De esa toma tan famosa

todavía canta el anciano,

que en Zacatecas se hizo historia

con fusil, coraje y mano.

 

  1. Historia completa de la Toma de Zacatecas

 

La batalla que decidió la Revolución

 

El contexto: 1914, la guerra entre facciones

La Revolución Mexicana, en 1914, ya no era simplemente una guerra contra la dictadura de Porfirio Díaz. Ahora, las distintas facciones revolucionarias luchaban entre sí por el rumbo del país. Venustiano Carranza encabezaba el Constitucionalismo, y Pancho Villa era el brazo militar más poderoso del norte.

 

Zacatecas era el último bastión estratégico del régimen de Victoriano Huerta en el norte del país, custodiado por el ejército federal al mando del general Luis Medina Barrón, con más de 12,000 soldados y artillería pesada.

 

Para los revolucionarios, conquistar Zacatecas era abrir la puerta del centro del país, y con ello, condenar al régimen usurpador. Pancho Villa lo sabía, y se lanzó con toda su División del Norte hacia esa ciudad fortificada.

 

El despliegue: los Dorados, Ángeles y el cerco de fuego

La ofensiva comenzó el 19 de junio de 1914, con fuerzas comandadas por Villa, Felipe Ángeles y el general Pánfilo Natera. La ciudad estaba protegida por cuatro cerros: La Bufa, el Grillo, el Loreto y el de la Sierpe. En ellos se encontraban las ametralladoras federales, cañones, trincheras y miles de soldados resguardados.

 

El 23 de junio, alrededor de las 4:00 a.m., comenzó el ataque definitivo. Ángeles bombardeó desde el cerro del Grillo, mientras Villa ordenaba la ofensiva frontal desde el norte, el oeste y el sur. El combate fue brutal.

 

La lucha por el cerro de la Bufa fue particularmente feroz: era la llave de la ciudad. Los Dorados de Villa, montados, valientes, muchos sin zapatos pero con armas, cargaron entre el fuego cruzado. Miles murieron ese día, tanto soldados como civiles atrapados entre las explosiones.

El resultado: victoria sangrienta, cambio irreversible

Para las 5:00 p.m., las fuerzas federales colapsaron. El cerro de la Bufa fue tomado. La bandera revolucionaria ondeó en el corazón de Zacatecas. Más de 5,000 federales murieron, frente a unos 3,000 revolucionarios. Las calles quedaron cubiertas de cadáveres, el humo de la pólvora flotaba sobre los techos, y el silencio posterior fue más denso que el estruendo.

 

Victoriano Huerta, al enterarse de la derrota, comprendió que su caída era inminente. Renunció un mes después, el 15 de julio de 1914.

 

La Toma de Zacatecas marcó el principio del fin para el viejo régimen. Fue la batalla más sangrienta de la Revolución Mexicana. Fue también, para muchos, el canto funerario de un México que ya no regresaría.

 

III. Reflexión Hipnótica: cuando una ciudad se convierte en verso

 

La historia suele hablar con cifras. El corrido, con alma.

 

La Toma de Zacatecas no fue solo una victoria militar: fue un rito de fuego, una purga a cañonazos, una ciudad pariendo patria en medio del trueno. Fue el momento en que el pueblo mexicano dejó de esperar justicia y fue a buscarla con fusil en mano y corazón en garganta.

 

Y por eso, la memoria no la fijó un decreto, sino una copla. Por eso aún se canta en ferias, en fandangos, en aulas rurales, en casas humildes donde los ancianos la silban entre dientes. Porque el corrido no muere: renace con cada nota, reencarna en cada verso.

 

Zacatecas es hoy una ciudad de cantera rosa y tardes apacibles. Pero bajo su suelo, resuena la voz de los que murieron cantando. Y si cierras los ojos en la cima de la Bufa, todavía puedes escuchar un eco:

 

“¡VIVA PANCHO VILLA, CARAJO!”

 

Y eso, más que un grito de guerra, es ya un salmo mexicano.

 

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