Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

 

A la amistad

 

La parábola del pozo, la cebra y la hiena

 

Un día, en un valle reseco, los hombres se reunieron a hablar del agua.
Cada uno tenía cántaros vacíos, agrietados, olvidados bajo el sol.
Nadie había compartido jamás una gota, porque todos temían quedarse sin nada.
Pero aquel día uno se levantó y habló de la hermandad del agua, de la pureza del pozo, de la amistad que brota como manantial.
Sus palabras eran dulces, pero también huecas, llenas de adornos innecesarios.
Y entonces alguien murmuró:
—No a la parafernalia. La amistad no se declama como un pregón en la plaza; se vive o se mata.
El anciano tomó la palabra y dijo:
—La amistad no es discurso. La amistad es cargar el cántaro del otro cuando el suyo está roto, es bajar al pozo aun de noche para darle de beber al que tiene sed.
Un acto de canibalismo no es sólo ver cómo el león se come a la cebra; también lo es ayudar al león a sostenerla, entregarla a sus fauces. Recordad: las cebras no son devoradas cuando caminan en manada.
Y en ese mismo instante apareció una hiena.
No fue al pozo por agua, sino por carne. Se abalanzó sobre los hombres, porque olió en ellos la flaqueza.
La hiena siempre aparece donde la amistad es sólo un espejismo.
El valle entero quedó enmudecido.
Porque en aquel lugar nadie había dado nunca agua a otro.
Y el discurso de amistad se volvió humo del desierto, una quimera flaca que se evaporaba sin dejar rastro.
Reflexión Hipnótica
La amistad es el más alto de los dones porque exige lealtad, piedad y consideración.
Es un pacto silencioso, sin adornos, sin parafernalia.
Nombrarla en vano es un riesgo: se vuelve espejismo, máscara, farsa peligrosa.
Mejor callar, si el corazón no es capaz de cargar con el peso del amigo caído ni de enfrentar a la hiena que merodea.
En tono de parábola sería así, querido lector:
Profecía del pozo, la cebra y la hiena.
Escuchad, hombres del desierto:
El día llegará en que os reuniréis a hablar del agua.
Vuestros cántaros estarán vacíos, cuarteados por el sol, y aun así levantaréis la voz para invocar la amistad como si fuera un río escondido bajo la arena.
Mas no a la parafernalia, dice el Espíritu.
No al disfraz hueco de palabras dulces.
Porque la amistad no se declama: se demuestra con la sed apagada del hermano, con el cántaro compartido en la noche oscura.
Sabed también esto:
Un acto de canibalismo no es sólo mirar cómo el león devora a la cebra;
es sostenerla, entregarla, ayudar al verdugo en su festín.
Mas las cebras que caminan juntas no son devoradas, porque su fuerza está en la manada.
Así también los hombres unidos en lealtad se salvan unos a otros de la fiera.
Y he aquí que la visión se cumplió:
una hiena emergió del horizonte, atraída no por la sed de agua, sino por la carne de los que nunca fueron hermanos.
Se lanzó contra ellos, porque su debilidad era música para sus dientes.
Donde la amistad es espejismo, la hiena encuentra banquete.
Y el cielo selló esta palabra:
La amistad es lealtad, piedad y consideración.
Quien la invoca en vano convoca la risa de las hienas y el rugido de los leones.
Mejor callar, si no se tiene el corazón dispuesto a cargar el peso del amigo caído.
Fundación de letras hipnóticas AC.