Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

 

El mito de la Señora que hablaba con el cuadro de Jesús

 

En la historia popular de Oaxaca, en los alrededores de la mina de Natividad, se cuenta una leyenda que, aunque carece de pruebas fehacientes, ha sobrevivido en la memoria colectiva como un mito fascinante.

 

Esta es la historia de Doña Isabel Contreras, una mujer cuya vida transcurrió entre la devoción y el enigma.

 

Algunos afirman que tuvo visiones celestiales y mantuvo largas charlas con una imagen de Jesús de Nazareth, una representación majestuosa y serena que, según ella, le revelaba visiones sobre desastres futuros.

 

Se dice que en el verano de 1985, Doña Isabel empezó a experimentar apariciones con más frecuencia.

 

Veía una imagen de Jesús, similar a la que muchos describirían como una figura de paz infinita, sentada en un trono dorado, rodeada de nubes, y con un aura brillante.

 

Esta imagen, según la señora, le hablaba con voz suave y firme, advirtiéndole de un gran terremoto que azotaría a la Ciudad de México.

 

En los días previos al 19 de septiembre, presa de una urgente necesidad de alertar al mundo, Doña Isabel salió a las calles de la hoy CD MX para advertir a todos aquellos que quisieran escuchar.

 

Con una fe inquebrantable y una mezcla de devoción y angustia, Isabel se dirigió a la Basílica de Guadalupe. Allí intentó hablar con el rector y con todas las personas a su alrededor, rogándoles que prestaran atención a su advertencia.

 

Paró camiones en la avenida, se lanzó a detener incluso un vagón del metro en su desesperación por salvar a las almas que, según ella, estaban en peligro.

 

Pero a pesar de su insistencia y de la sinceridad en sus palabras, nadie le creyó.

 

Para muchos, solo era una mujer de pueblo, posiblemente alucinando o afectada por alguna enfermedad mental.

 

A fin de cuentas, ¿quién escucharía las advertencias de una simple señora?

 

Y luego llegó el terremoto. El desastre del 19 de septiembre sacudió a la Ciudad de México y al país entero.

 

Muchos recordaron entonces a aquella mujer que había tratado de advertirles.

 

Sin embargo, en lugar de reconsiderar sus palabras, las autoridades eclesiásticas, alarmadas por la creciente popularidad de su historia, presionaron para que fuera internada en el Hospital Psiquiátrico de Reyes Mantecón, la llamada “Casa de la Risa”.

 

En el manicomio, los médicos quedaron sorprendidos por su serenidad y extraordinaria obediencia.

 

Doña Isabel tomaba puntualmente las medicinas recetadas, pero éstas parecían no surtir ningún efecto sobre ella.

 

Los psiquiatras se mostraban intrigados, pues, a pesar de los diagnósticos y los fuertes medicamentos, no mostraba señales de alucinaciones ni delirio.

Solo persistía en sus rezos y sus conversaciones silenciosas con la imagen que decía ver en su mente.

 

En 1993, una extraña carta salió del hospital. El entonces director del psiquiátrico, desconcertado por la tranquila pero insistente visión de Isabel, decidió enviar una misiva a la campaña del precandidato Luis Donaldo Colosio.

 

En la carta, relataba cómo Doña Isabel, con una inquietud inexplicable, había comenzado a advertir sobre un peligro mortal que acechaba al pre candidato.

 

Nadie en la campaña le dio importancia; después de todo, ¿por qué escuchar a una “loca” enclaustrada en un hospital psiquiátrico?

 

Y, como muchos saben, el 23 de marzo de 1994, Colosio fue asesinado.

 

Con el tiempo, Doña Isabel se convirtió en un enigma. Su fama en el hospital creció y se decía que personas de todos los rincones venían a visitarla en secreto, atraídos por la devoción que emanaba.

 

Aquellos que le pedían ayuda por cuestiones de salud decían sentirse aliviados, y sus rezos parecían brindarles consuelo y curación.

 

Su figura se convirtió en una especie de leyenda entre los pacientes y el personal del hospital.

 

Para finales del año 2000, Doña Isabel ya era una anciana, pero seguía tan pulcra y ordenada como siempre.

 

Nunca había causado problemas, y su habitación estaba siempre impecable. Sin embargo, una noche, de forma repentina y sin dejar rastro alguno, su cama fue encontrada vacía al amanecer.

 

Su uniforme blanco, planchado y doblado con cuidado, reposaba sobre la cama, como si ella misma lo hubiera dejado allí antes de partir.

 

Un paciente, conocido por sus excentricidades, aseguró haber visto cómo una luz poderosa se abrió en el techo de la habitación, y, en un destello cegador, Doña Isabel fue llevada por esa misma figura de Jesús que afirmaba ver desde hacía años.

 

Pero, por supuesto, ¿quién le creería? Después de todo, solo era un “loco” en un hospital psiquiátrico.

 

La leyenda de Doña Isabel Contreras, la señora que decía hablar con Jesús, perdura entre los habitantes de la región como un mito que se cuenta en voz baja.

 

Es una historia que invita a reflexionar sobre el poder de la fe, los límites de la razón y las extrañas coincidencias que marcaron su vida.

 

La comunidad, con respeto y escepticismo, repite esta historia sin saber si es completamente cierta o producto de la imaginación colectiva.

 

Pero para aquellos que creen, Doña Isabel Contreras fue, tal vez, una mensajera de lo divino, un alma que escuchó y vio lo que pocos pueden comprender.

 

Yo reproduzco la leyenda. ¿Es verdad o una Leyenda? Yo la dejo en el expediente de la ficción literaria urbana marginada que desea encontrar respuestas celestiales y del más allá a sus reales y cotidianas privaciones diarias, tales como el apunte diario sobre letras hipnóticas

 

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