Por Arturo Vásquez Urdiales
-- Descanse en Paz el Papá Francisco.
“El pastor de las periferias ha partido: Francisco, el último Papa del Sur”
Murió el Papa Francisco.
Murió hoy 21 de abril de 2025 a las 7.35 am hora del Vaticano.
Murió Jorge Mario Bergoglio, el hombre que caminaba despacio por el Vaticano pero con la prisa de los profetas por salvar el mundo. Murió quien eligió el nombre del santo de Asís para recordarnos que la Iglesia debía volver a la pobreza, al cuidado del prójimo, a las ovejas con barro en las patas. Murió quien no quiso vivir en los apartamentos papales, quien prefería el silencio del cuarto sencillo a los tapices del Palacio. Murió, al cerrar la Semana Santa, como si el cielo hubiese esperado que terminara de escenificar la Pasión de su Maestro para entonces, sí, acogerlo en su regazo.
- De Buenos Aires al mundo
Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en el barrio de Flores, Buenos Aires, en un hogar de inmigrantes italianos. Desde muy joven conoció el trabajo duro, la soledad espiritual y el peso de las decisiones. Trabajó como técnico químico, fue portero de discoteca, y más tarde ingresó a la Compañía de Jesús. En el noviciado, se forjó entre libros de teología, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y un deseo ardiente de justicia.
Ya como sacerdote jesuita, fue profesor, rector, guía espiritual. En los años de plomo de la dictadura argentina (1976-1983), cuando el miedo respiraba en las paredes, Bergoglio no fue ajeno al horror. Lo acusaron unos, lo defendieron otros. Pero nunca se le vio cobarde: salvó vidas, escondió perseguidos, intercedió por detenidos. Aun así, cargó con la pesada cruz de haber sido un hombre de Iglesia en tiempos de muerte, y eso le dolió hasta el final.
- Un cardenal en bicicleta
En 2001 fue creado cardenal por Juan Pablo II, y ya entonces se notaba su diferencia: viajaba en metro, se negaba a rodearse de cortesanos, cocinaba para sí mismo. En Buenos Aires, su voz fue la de los sin techo, la de los cartoneros, la de las abuelas que lloraban a sus nietos desaparecidos. El entonces cardenal Bergoglio jamás fue un hombre de vitrinas. Era un párroco universal. A su manera silenciosa, ya era el Papa de las villas, de los hospitales públicos, de las cárceles, de los sin voz.
III. La renuncia de Ratzinger y el milagro del cónclave
En 2013, Benedicto XVI renunció al papado. El gesto —insólito— desató una ola de incertidumbre en la Iglesia. El trono de Pedro estaba vacío y se decía que la curia romana estaba podrida, carcomida por escándalos, lobbies, abusos. Entonces, en medio del humo negro y las plegarias desesperadas, el cónclave eligió a Bergoglio. Fue un susurro del Espíritu: Habemus Papam… y el nombre fue Francisco.
La elección de un Papa latinoamericano, jesuita, que hablaba de “Iglesia pobre para los pobres”, fue una conmoción espiritual y política. Francisco no solo saludó sin mitra ni trono: se inclinó para pedir que rezaran por él. No era un Papa europeo. No era de la lógica de los palacios. Era de otra parte, de otra fragancia, de otra teología: una encarnada, sufriente, profundamente humana.
- Su papado: el viento del sur
Francisco gobernó la Iglesia durante 12 años. Doce años de terremotos, sinodios, viajes a los márgenes. Visitó cárceles, favelas, campos de refugiados, países olvidados. Lavó los pies a mujeres musulmanas, escribió encíclicas sobre el planeta herido (Laudato Si’), sobre la fraternidad humana (Fratelli Tutti), y sobre la esperanza ante una Iglesia cansada.
Combatió frontalmente los abusos sexuales dentro de la Iglesia, aunque no siempre con éxito. Chocó con la ultraderecha católica, con cardenales que lo llamaron hereje, con lobbies financieros que quisieron boicotear sus reformas. Aun así, nunca dejó de hablar claro. Su lenguaje era pastoral, directo, sin latines ni ambages. Llamó a las cosas por su nombre: la guerra, pecado; la riqueza sin compasión, escándalo; la indiferencia, cáncer del alma.
Su pontificado no fue perfecto. Pero fue valiente. Fue profético. Fue, a su manera, un retorno al Evangelio desnudo.
- El fin de la Semana Santa y el inicio de su eternidad
Hoy, 21 de abril de 2025, al cierre de una Semana Santa intensa, Francisco entregó su alma al Señor. Como si esperara que la Pasión concluyera, que la cruz fuese alzada, que las mujeres lloraran al pie del Gólgota, y solo entonces dejara que la muerte lo alcanzara.
No murió como un Papa temido, sino como un abuelo querido. No dejó encíclicas de condena, sino cartas de amor. No dejó tratados dogmáticos, sino gestos de misericordia.
Y ahora, el mundo espera la fumata blanca. Los cardenales se reúnen bajo los frescos de Miguel Ángel. Pero el alma de Francisco ya no está aquí. Está allá, en la cumbre del monte, recostada en el regazo de ese mismo Cristo pobre, desnudo y crucificado, al que él sirvió sin tregua.
“Recen por mí”, solía decir en cada viaje, en cada carta, en cada saludo. Hoy, Francisco, nosotros te rezamos a ti. Porque fuiste pastor, pero también amigo. Fuiste el Papa de los pobres, pero también el poeta del Evangelio.
Hoy eres historia, pero también semilla.
Hoy eres ausencia, pero también presencia.
Hoy eres silencio, pero tu voz aún nos arde en el pecho.
Gracias, Francisco.
Gracias, Jorge.
Gracias, hermano.
Apunte diario sobre letras hipnóticas
En memoria del Papa del Sur
Arturo, con mucho respeto y gratitud a la elevación del Alma de un Papá Bondadoso.
Descanse en Paz.








