Francisco RAMÍREZ/Diálogos Oaxaca
Sin importar las restricciones impuestas por los Estados Unidos, la familia de Fraimar ha cumplido dos meses y 7 días de una travesía demasiado complicada, donde dice “se conoce lo bueno, lo malo, lo peor”.
El grupo integrado por once personas, la mayor parte niños menores de edad, pasa sus primeras horas en Oaxaca de Juárez, su intención lograr obtener un poco de recursos para seguir vía terrestre su travesía; la cual tiene como meta final, la frontera norte, donde se cumplirá el objetivo de lograr un mejor futuro para ellos.
En el “Día de los Inocentes”, cuando en México todo es broma, esta familia de venezolanos espera ser visibilizada en su realidad,
“Pasar una selva, aguantar hambre, frio, lluvia. Cruzar diferentes países que no sabes cómo te van a tratar, que te roben, que te maltraten, que te digan cosas por ser un migrante”.
La mujer de piel morena y cabello ensortijado, no suelta la lagrima, pero refleja su angustia, sus temores: “No sólo al venezolano, a toda persona migrante; todos, quienes nos topan en el camino, nos tratan mal”.
Su razón y situación de migrante en tránsito, la expone sin mayor problema: “La situación en Venezuela es insoportable, difícil para la familia, un salario no alcanza para comer, todo es caro, la atención en salud no se diga, faltan medicamentos, para estar bien tienes que pagar el doble”.
Con ello la entrevistada pone de manifiesto la realidad que vive el pueblo venezolano que se rige por un gobierno de izquierda, casi dictatorial, que hasta hoy encabeza el cuestionado y controvertido, Nicolás Maduro.
Fraimar viaja, además de su esposo y su madre, con Mía de 9 años, Antoine de 8, Yefreylis de 6, Anyiber de 17 y una bebé de 10 meses; desde el pasado 21 de Octubre dejaron atrás su ciudad natal, Falcón Venezuela, a ocho horas de la capital, Caracas.
Son muchas las situaciones por las que han tenido que pasar, como el robo de sus pertenencias en Guatemala, la pérdida y localización de uno de los niños, hambre, incomodidades, caminatas de 24 y hasta 48 horas; vejaciones por parte de la policía y personal de migración.
“Hemos dejado en cada uno de los países por los que hemos pasado, lo mucho o poco de lo que traíamos; pero no sólo eso el paso por la selva es donde más miedo he cogido, como cuando policías guatelmatecos nos separaron y escondieron a los niños, eso fue aún más traumante”.
Su paso por México, hasta hoy en Oaxaca, ha sido una travesía totalmente diferente, a pesar que por momentos han tenido que rodear por horas y kilómetros, los retenes de migración.
“No me puedo quejar, sí nos han robado, no. Que sí nos han tratado mal, tampoco. No tengo queja de México a pesar de los comentarios que nos hacen, que nos van a tratar con el pie, que ni agua nos van a dar; pero en lo particular digo lo contrario”.
SIN NAVIDAD NI AÑO NUEVO
La mujer quien en zócalo de la capital oaxaqueña batalla para controlar la inquietud de sus pequeños, no deja pasar por alto que una muestra de solidaridad para con su familia, ha sido la celebración de la Navidad en Tapachula Chiapas.
Cuenta que ante las restricciones que existen en ese punto del estado mexicano, no tenían donde dormir, una familia del lugar acogió a las mujeres y los niños, los hombres tuvieron que dormir en un parque, pero el recibimiento, pese a no haber regalos, tuvieron un lugar donde comer y descansar, “comprendieron lo que esa navidad era para nosotros”.
A tres días de la llegada del año nuevo, el futuro aún es incierto: “No sabemos dónde nos agarre”, como también si se cumplirá con la meta trazada y el mejor futuro para la familia.
Fraimar se sincera, y luego de haber vivido y pasado por tantas desgracias desde su salida de Venezuela, dice que por su cabeza ha pasado el regresa a su país, pero sabedores de cómo está la situación en su tierra, los hace nuevamente levantarse y continuar su ruta.
“Lamentablemente estamos pasando trabajos, muchos, pero regresar a Venezuela con la situación como está nos mantiene”.
Comerciante y ama de casa, Fraimar insiste en el bienestar de sus hijos, sobre todo porque dos de ellos sufren complicaciones de salud, las cuales serían difíciles de salvar estando bajo un régimen que no ofrece las garantías para que sus menores hijos las puedan abatir en Venezuela: “es muy complicado”. Aun cuando no hay una fecha definida para llegar a los Estados Unidos, la mujer sólo le pide a Dios por el bien de sus hijos, es trabajar, equilibrar su situación económica y darles estudios, porque para ella esto último es lo más importante.
Cabe resaltar que la región vive un flujo migratorio récord hacia Estados Unidos, cuya Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés) detuvo en el año fiscal de 2022 un número inédito de más de 2,76 millones de indocumentados, una cifra que incluye incrementos sustanciales en las capturas de cubanos y venezolanos.








