Diálogos Oaxaca
A dos años de la pandemia, las ventas del pan tradicional para las festividades del Día de Muertos se recuperan. “Este año habrá producto a pesar del alza de los insumos”, dicen Silviano y Coco, panaderos de San Bartolo Coyotepec.
“Los panes representan a un ser que ya ha fallecido y son los panes, los que se colocan de manera especial en su altar para recibirlos, es por eso que las personas compran su pan para ofrecer como una ofrenda a los fieles difuntos”, reconoce Socorro Hueyopan, Coco
Aun cuando esta época parece ser importante, en la panadería desde hace algunos años se trabaja para "cuando menos salir a tablas", sobre todo después que por la pandemia sus ventas se vinieron abajo.
Hoy a pesar de los tiempos y que las economías son cada vez más difíciles, la gente no deja pasar por alto estas fechas donde se recuerda a los seres queridos que se adelantaron en esta vida. Por ello es que Coco y Silviano, no dejan en apostar por sus clientes que durante todo este tiempo les han servido de sostén para su economía familiar con la venta de pan.
"Son tiempos difíciles, pero aun así la venta de pan es importante, sobre todo para la gente del pueblo”.
Pero no solo sus vecinos disfrutan del pan artesanal cocido en horno de leña en esta temporada, ha habido otras donde personas de la ciudad capital, de poblaciones circunvecinas y de otras entidades del país, como Monterrey, Nuevo León, los han buscado.
“Hoy los pedidos se han reducido, pero vemos que poco a poco se recuperan nuestras ventas”, repite Coco quien desde semanas atrás comenzó a hacer el anuncio sobre la venta de su pan, pues esperan que la temporada de muertos pinte como en otros años.
“Ha sido difícil, primero con lo de la pandemia, pero al final de cuentas los vivos buscamos la manera de festejar a aquellos que ya se nos adelantaron y hacemos el mejor esfuerzo para recibirlos”.
En lo que toca a la comercialización de su producto, dice ir bien a pesar que de la venta está apenas en un 40 por ciento, pero confía que conforme pasan las horas se tendrá que reflejar en sus ventas todo el esfuerzo que realizan.
“La promoción que se hace de esta fiesta, hoy en día, si ha impacta, pero al final, sea o no, la gente no deja de hacer sus compras, hace el esfuerzo pese a la situación económica que se vive no sólo en el estado, sino en el país, porque los altares no se pueden quedar sin su pan”.
Son más de 60 años que esta familia se dedica a esta actividad, son la tercera generación que elabora el pan y ya están floreciendo quienes en un futuro habrán de sostener esta tradición, no solo familiar, sino de toda una comunidad que preserva sus tradiciones.
“Ojalá y esta tradición no se pierda y quienes están a tras de nosotros sigan, sobre todo cuando sabemos que cada año, a nuestro taller llega más gente a comercializar nuestro producto”.
Aun así, manifiestan que esperan que la temporada les sea favorable, quizá no sea como otros años, pero el pan es un producto de primera necesidad.
“Esperamos que lo que se haga se acabe, porque también hay muchos panaderos que temen a invertir y que su producto no se venda. Sin duda este año será muy diferente”.
LOS OTROS DATOS
El sabor de los panes de muerto que se elaboran en las comunidades del estado, varía en relación al producto que se comercializa en los mercados públicos de la ciudad de Oaxaca, pues la mayoría de las panaderías que se encuentran en el valle aún conservan sus hornos de leña.
En el caso de Oaxaca, la diversidad cultural y la presencia de 16 pueblos originarios en su territorio ha generado que exista infinidad de variedades de pan de muerto, pero en esta ocasión te hablaremos de cuatro variedades que tienes que probar.
En los Valles Centrales, la región donde se ubica la capital de Oaxaca, el tradicional pan de muerto se elabora con ingredientes principales como yema de huevo y mantequilla.
En la temporada de Muertos, acompaña no solamente las mesas de las familias oaxaqueñas por las mañanas o por las noches, cuando se sirve con chocolate caliente, sino es un elemento infaltable en las ofrendas a los fieles difuntos que se colocan en los hogares desde el último día de octubre.
Aunque algunas panaderías tradicionales comienzan a elaborar el pan desde principios de octubre, son las últimas semanas de este mes, así como la primera de noviembre, cuando el pan de muerto, decorado con ajonjolí y una carita pintada, hecha de migajón, se vende en panaderías y mercados.
De acuerdo con panaderos dedicados al oficio, este pan representa tradicionalmente una sepultura, mientras que la carita de pasta que decora cada pieza representa a un finado.
Datos oficiales revelan que los estados con mayor producción y consumo de pan en el país son el Estado de México y en segundo lugar Oaxaca.
Asimismo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), señala que Oaxaca es la segunda entidad donde existen más panaderos y panaderías, por lo cual el sector representa una actividad de mucha importancia para la economía local.
Los altares de muertos tienen su origen en la mezcla de dos culturas: la prehispánica y la española.
Una ofrenda similar a la actual de día de muertos era la de la diosa Cihuapipiltin, dedicada a las mujeres que morían del primer parto, se creía que rondaban por el aire causando enfermedades entre los niños, por ello les hacían regalos en el templo o en las encrucijadas del camino.
Las ofrendas consistían en "panes" de diversas figuras como mariposas o rayos (xonicuille) hechos a base de amaranto y "pan ázimo" que era un pan de maíz seco y tostado.
Fray Bernardino de Sahagún lo describe así por no llevar cal, a este pan se le llamaba yotlaxcalli, otros ofrecían unos tamales (xucuientlamatzoalli) y maíz tostado llamado Izquitil, casi toda la ofrenda era de amaranto porque lo consideraban un alimento especial.
Relata Fray Diego de Durán en su crónica sobre la ofrenda de Huitzilopochtli, que la gente en esta celebración "no comían otra cosa que no fuera tzoalli con miel", con dicha mezcla a base de amaranto y miel de avispa o maguey, hacían un gran ídolo a imagen del Dios, lo adornaban y vestían, de igual manera elaboraban huesos grandes que depositaban a los pies del ídolo, además ofrendaban otros "panes" como tortillas pequeñas; pasada la fiesta se los dividían para comer.
El pan de muerto, es para nosotros un verdadero placer, tiene su origen en la época de la Conquista, inspirado por rituales prehispánicos, y hoy en día es una de los elementos más importantes para las ofrendas dedicadas a los muertos.
Las poblaciones, especialmente del centro y sur del país han tenido un gusto particular por ese pan, dedicado a los difuntos que regresan a reencontrarse con sus familias, de acuerdo con la tradición del Día de Muertos que se ha heredado de generación a generación desde hace varios siglos.







