Efraín Solano Alinarez/Parte II
Este año los “expertos” en los derechos de los pueblos indígenas, cultura y autonomía, el autodenominado Comité de Autenticidad, con inocultable criterio político, soberbia e ignorancia, aderezado con ese racismo que le es característico, decidió dejar fuera de la Guelaguetza a toda la sierra Juárez y la sierra mixe. Así, ésta edición 2022 prescindirá de la vistosidad y picardía del Torito Serrano de Macuiltianguis, la majestuosidad de los sones de los pueblos mixes de Ayutla, Tlahuitoltepec y Tamazulapam; la alegría de los sones y jarabes de Yalalag y Betaza, entre otros y no menos importantes. No perdonan a los pueblos imponer su propia existencia y caminar erguidos.
Los elementos de ésta festividad de los Lunes del Cerro, relativamente nuevo, son tomados de la espiritualidad y de la concepción que del universo tienen nuestros pueblos indígenas, pero fundamentalmente lo ligan con el culto a la Diosa Centéotl, la divinidad de Maíz.
La espiritualidad es fundamental en la cotidianeidad en nuestros pueblos Indígenas, los mitos y las leyendas son efecto de ese Ser. Así, en la mixteca el Rey Dzahuidanda o Flechador de Sol, el Rey Condoy en la nación mixe, la mitología triqui nos cuentan que ellos proceden de las profundidades de la tierra, o la Princesa Donají, cuyo rostro es emblema del escudo oficial de la ciudad capital.
El tiempo da a los personajes míticos la categoría de Dioses que nuestros pueblos veneran; ellos vigilan el buen uso de los recursos que ofrece la naturaleza, la salud, los alimentos, el equilibrio del cosmos; son las voces y oídos, las miradas, las luces y sombras. Ellos, los Dioses cargan con los anhelos del colectivo y enarbolan sus sentimientos, son el asomo a la paz, y aún más, rigen la conducta.
En las montañas de la sierra mis paisanos dicen escuchar voces que asombran porque pueden escuchar la luz y la sombra de los maíces que llevan a sembrar, después de seleccionadas. El maíz blanco (xhua bzawe), el maíz negro o morado (xhua bzaguee); El maíz amarillo (xhua bzache) se siembran dependiendo del clima desde marzo y se van cosechando en junio o a veces hasta mediados de noviembre. A estas jornadas, de cultivo, polinización y cosecha es la familia entera y a veces los vecinos, primos o hermanos que juntos caminan para ir con el azadón, y con él el pensamiento y el corazón, para escuchar esas voces de los maíces al sembrarla, al cuidarla, al cosecharla: es ésta la gozona (wzoné en zapoteco), es el dar, colectividad y se aprende desde pequeño.
Dice Enrique Florescano que “cada versión del mito puede cambiar de un tiempo a otro, de un pueblo a otro, de modo que no hay una versión única del mito, pues este varía según el tiempo, el lugar o el grupo que lo relata o cuenta”. En los pueblos serranos, al Dios que abre su pecho para hacer germinar la semilla del maíz y dar vida no le llaman Centéotl, le llaman BENE YAA y a él ofrendan con fe y respeto la bebida que con cuidado derraman a la tierra, los tamales al empezar la siembra o el caldo de guajolote al momento de la cosecha. El Dios del maíz no tiene género porque es la montaña más cercana, o que está a la vista, a quien se rinde tributo y es ante quien se hinca el pueblo; la espiritualidad dirige pues la vida, siembra el respeto, el desarrollo comunitario y cultiva la identidad.
Los “teóricos” de la cultura e identidad de los pueblos indígenas denominado “Comité de Autenticidad” no les da para entender esto por eso pone parámetros, siguen debatiendo entre ellos, como hace 500 años, si los pueblos indígenas tenemos alma o no.
Pero los pueblos indígenas pudimos resistir al avasallamiento de los españoles; y aunque en la Independencia fuimos ignorados; en la Revolución bombardeados, perseguidos y utilizados como carne de cañón y la posrevolución el Estado quiso borrar nuestros rostros, nuestra lengua, cultura para integrarnos a una sola nación, acá seguimos resistiendo al lado de nuestros hermanos afros. Y seguiremos cuestionando a tiranitos como ese comitecito de “Autenticidad” de pensamiento retrograda, que en el colmo de su arrogancia amagan desde ahora a los pueblos que se “porten mal” para excluirlos de la Guelaguetza el siguiente año. Porque tenemos algo que ellos no conocen y nunca tendrán: DIGNIDAD.
Será importante que, para el próximo año, en el inicio de un nuevo sexenio, éste Comité desaparezca y en su lugar sean los propios pueblos mediante encuentro regionales los que decidan quiénes asisten. Y dado que las fiestas son en honor a la Diosa del maíz que tiene flores en el cabello, pájaros cantando a su alrededor y que es sagrada semilla tarda hasta nueve meses en cosecharse, se dediquen los lunes de julio a estas festividades.◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇◇
Algunos músicos de San Melchor Betaza. Década de los 60s.De pie y de izquierda a derecha, los dos primeros no los ubico, los dos últimos los hermanos José(+) y Fausto(+) Antonio Ambrosio Sentados Don Atanacio Huantes(+), Delfino Antonio Santiago y el niño es el hoy Ing. Amadeo Antonio








