Asesinato de Carlos Manzo, reflejo de la descomposición del Estado mexicano

Diálogos Oaxaca

El asesinato de Carlos Manzo, Presidente Municipal de Uruapan, Michoacán, ocurrido este 1 de noviembre, es un crudo reflejo de la profunda descomposición del Estado mexicano. Con él, ya son siete los ediles asesinados. en el estado desde la llegada del gobernador morenista Alfredo Ramírez Bedolla. Este crimen se enmarca en la brutal profundización de las pugnas entre los cárteles del narcotráfico que azotan Michoacán, disputando territorios y rutas para el negocio de las drogas, la trata de personas y la extorsión.

 

Manzo, quien denunció la corrupción de las policías y abogó por abatir criminales -ganándose el apodo de "el Bukele mexicano" y el respaldo de la derecha y ultraderecha representadas por el PRI, PAN, PRD y MC-Su figura fue potenciada por los medios de comunicación como un prospecto político nacional, lo que evidencia cómo la violencia y la crisis son capitalizadas por sectores reaccionarios.

 

Este hecho violento no es aislado. Se inscribe en una continuidad de miles de muertos y desaparecidos que se agudizó con el narcogobierno del PAN en 2006, con la represión en SICARTSA, Atenco y la APPO, y se profundizó con los gobiernos priístas y perredistas que utilizaron el narcoparamilitarismo para imponer reformas neoliberales y sembrar terror en comunidades, como la indígena de Ostula, que resiste por defender sus recursos.

 

La burguesia oligárquica, encabezada por figuras como Salinas Pliego, sus partidos y sus medios, aprovecha este crimen condenable para impulsar una salida fascista. Buscan imponer un gobierno de superexplotación obrera y anulación del derecho a la protesta, tendiéndole la cama al fascismo una socialdemocracia representada por la 4T, que ha corporativizado los movimientos sociales para deslegitimarlos.

 

Grupos fascistas vinculados al PRI-PAN, instrumentalizan el legítimo descontento popular, llamando incluso al intervencionismo norteamericano-el mismo imperialismo cuya CIA patrocina y desestabiliza- para continuar el saqueo de nuestros recursos, una agenda que se extiende por América Latina.

 

Esta es la expresión de la fascistización del régimen, que chorrea sangre y lodo por la descomposición de sus instituciones, violando hasta la Constitución. La lucha por el poder burgués y el control territorial en estados como Chiapas, Guerrero y Michoacán utiliza a la juventud en campañas de odio, aprovechándose de la miseria material de los trabajadores.

 

Frente a esta crisis generalizada y la tendencia al fascismo, la única salida para garantizar la seguridad y no caer en la provocación es la organización independiente del pueblo y la clase obrera. Es imperativo luchar por mejores condiciones de vida y trabajo, con un contenido de clase histórico y revolucionario que enfrente la descomposición del Estado, el intervencionismo y la violencia del capitalismo.

 

La defensa de nuestros derechos y conquistas sociales solo será posible mediante la movilización popular consciente y unificada que frene la militarización del país, a los fascistas y al intervencionismo norteamericano que busca seguir profundizando el sometimiento y dependencia de México. Y, avancemos en la construcción práctica y concreta de nuestro Poder Soviético de Masas: la Asamblea Nacional del Proletariado y de los Pueblos de México, hacia la victoria de la Revolución Proletaria.