Por Dr. Arturo David Vásquez Urdiales
Isabel Zendal, la Enfermera que cambió el Destino de América Latina y Filipinas
Este Artículo lo dedicamos a unos seres humanos extraordinarios, quienes nos han ayudado a sobrevivir en muchas emergencias y campos de batalla, a esos incansables seres Ángeles:
A las enfermeras y enfermeros del Mundo.
Pase de lista:
Enfermera Isabel Zendal: Presente.
Apunte histórico sobre la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna.
Isabel Zendal, Carlos IV y la caravana humana que venció a la muerte.
A comienzos del siglo XIX, cuando Europa todavía caminaba entre carruajes, velas de sebo y campanas de peste, existía un enemigo más temido que la guerra misma: la viruela. La enfermedad era una sombra blanca que cubría los rostros de la humanidad. Mataba niños, cegaba adultos, deformaba reyes y mendigos por igual. Ningún imperio podía detenerla. Ningún ejército podía dispararle. Ninguna muralla servía de nada.
La viruela había devastado continentes enteros. Solo en el siglo XVIII mataba cerca de 400 mil personas al año en Europa. En América, desde el siglo XVI, había sido uno de los grandes instrumentos involuntarios de la conquista: pueblos indígenas enteros desaparecieron bajo las llagas ardientes de la enfermedad. Las ciudades se llenaban de huérfanos, de caras marcadas como mapas del sufrimiento, de madres que enterraban hijos antes de aprender siquiera a pronunciar sus nombres.
Y entonces ocurrió algo extraordinario.
En 1796, el médico inglés Edward Jenner descubrió que las ordeñadoras infectadas con viruela vacuna —una variante leve proveniente de las vacas— quedaban protegidas contra la viruela humana. Había nacido la vacuna moderna. La palabra misma viene del latín vacca.
Pero descubrir la vacuna no era suficiente. Había que llevarla al mundo.
Y allí aparece uno de los episodios más extraordinarios, humanos y olvidados de toda la historia universal: la expedición encabezada por el médico español Francisco Javier Balmis, auspiciada por Carlos IV de España, y sostenida silenciosamente por una mujer gallega cuyo nombre apenas empieza hoy a recuperar el sitio que merece en la memoria humana: Isabel Zendal Gómez.
El rey que había perdido una hija
La historia tiene un fondo profundamente humano.
Carlos IV no era un gran estratega militar ni un genio político. La historiografía muchas veces lo ha retratado como un monarca débil, atrapado entre intrigas cortesanas, Napoleón y la decadencia borbónica. Pero el hombre llevaba una herida íntima: una de sus hijas había padecido viruela.
En aquella época la enfermedad no distinguía sangre azul. Los palacios también olían a fiebre y a muerte.
Cuando Balmis propuso organizar una expedición para llevar la vacuna a América y Asia, el rey comprendió la magnitud moral del proyecto. No se trataba únicamente de política imperial. Era algo mucho más raro para su tiempo: una empresa sanitaria global.
Así nació en 1803 la llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, probablemente la primera misión internacional de salud pública de la historia.
Y aquí empieza la odisea.
El problema imposible: transportar la vacuna antes de la refrigeración
Hoy una vacuna viaja en contenedores fríos. En 1803 eso era imposible.
El virus vacunal solo podía mantenerse vivo dentro de un cuerpo humano.
Balmis encontró entonces una solución tan genial como desgarradora: llevaría la vacuna “de brazo en brazo”.
Veintidós niños huérfanos serían embarcados desde A Coruña. A dos de ellos se les inocularía la vacuna. Cuando aparecieran las ampollas, se extraería el fluido y se inocularía a otros dos. Así sucesivamente, durante toda la travesía atlántica.
Aquellos niños serían, literalmente, el recipiente vivo de la salvación.
Y allí entra Isabel Zendal.
Isabel Zendal: la madre de los hijos del océano
Isabel Zendal nació en Galicia, probablemente en 1773, en una España rural y dura. Era rectora de la Casa de Expósitos de A Coruña, un hospicio para niños abandonados.
No era aristócrata. No era científica célebre. No era noble. Era una mujer del pueblo.
Pero fue ella quien cuidó a los niños durante la expedición.
Los vistió. Los alimentó. Los consoló cuando lloraban. Los sostuvo durante las tormentas. Los protegió en barcos infestados de enfermedades. Durmió junto a ellos en travesías interminables.
Mientras los nombres masculinos ocupaban los documentos oficiales, Isabel hacía el trabajo silencioso del mundo: impedir que el miedo destruyera a los pequeños portadores de la esperanza.
La Organización Mundial de la Salud la reconocería siglos después como la primera enfermera en misión internacional de la historia.
Y aun así, durante décadas, casi nadie habló de ella.
La travesía hacia América
La expedición zarpó en noviembre de 1803 a bordo de la corbeta María Pita.
El océano Atlántico era todavía un territorio feroz. Tempestades, hambre, enfermedades, motines y naufragios acechaban cada ruta.
Primero llegaron a las Islas Canarias. Después cruzaron hacia el Caribe.
La vacuna empezó a expandirse como una antorcha.
Puerto Rico. Venezuela. Cuba. Nueva España. Nueva Granada. Perú. Quito. Chile.
En cada puerto, Balmis organizaba juntas de vacunación, enseñaba técnicas médicas y dejaba estructuras permanentes para continuar la inmunización.
No era solo una misión médica: era una red continental de salud pública adelantada a su tiempo.
La expedición terminaría dividiéndose. Balmis continuó hacia Filipinas, mientras José Salvany siguió por Sudamérica atravesando cordilleras, selvas y territorios devastados.
Salvany acabaría muriendo exhausto en Bolivia, consumido por las penurias del viaje.
Aquellos hombres y mujeres literalmente dejaron la vida en el camino.
México y la vacuna
Cuando la expedición llegó a la Nueva España, el impacto fue gigantesco.
Las epidemias de viruela habían sido recurrentes y brutales desde la conquista. Las poblaciones indígenas habían sufrido catástrofes demográficas inmensas.
La vacuna representaba algo cercano a un milagro.
Desde la Ciudad de México se organizaron campañas hacia provincias lejanas. La expedición no solo llevó medicina; llevó también una idea revolucionaria: que el Estado podía intervenir para proteger la vida colectiva.
En cierto sentido, allí comenzó el antecedente remoto de las campañas modernas de vacunación en América Latina.
Filipinas y el Pacífico
Balmis no se detuvo.
Cruzó el Pacífico rumbo a Filipinas llevando nuevamente la vacuna viva en niños.
La expedición continuó incluso hacia territorios cercanos a China.
Imaginar aquello hoy resulta casi imposible: hombres y mujeres navegando el mundo entero para combatir una enfermedad invisible, décadas antes del telégrafo, antes de los antibióticos, antes de los motores modernos.
Era el planeta antiguo tratando de salvarse a sí mismo.
¿Cuántas vidas salvaron?
No existe una cifra exacta.
Pero los historiadores coinciden en que la expedición permitió inmunizar a cientos de miles de personas de manera directa y sentó las bases para salvar millones de vidas posteriores.
Millones.
Esa palabra pesa.
Porque a veces la historia recuerda más fácilmente a quienes destruyen ciudades que a quienes impiden funerales.
Napoleón tiene monumentos gigantescos. Los conquistadores llenan plazas. Los generales ocupan libros enteros.
Pero Isabel Zendal, que arrulló niños enfermos en medio del océano para salvar continentes, quedó casi olvidada durante dos siglos.
Un análisis histórico formidable: la primera globalización humanitaria
La expedición de Balmis y Zendal fue mucho más que una campaña médica.
Fue uno de los primeros actos de cooperación sanitaria global de la humanidad.
Y contiene varias paradojas históricas profundas:
- Un imperio haciendo filantropía
España atravesaba decadencia económica y tensiones políticas enormes. Sin embargo, financió una misión sanitaria transoceánica extraordinariamente costosa.
Eso rompe el cliché simplista de los imperios únicamente como máquinas de extracción.
La expedición fue imperial, sí, pero también profundamente humanitaria.
La historia rara vez es totalmente blanca o totalmente negra.
- Los niños pobres salvaron al mundo
Los portadores de la vacuna fueron huérfanos.
Niños abandonados. Niños invisibles.
La humanidad se salvó literalmente a través de cuerpos humildes.
Hay algo profundamente simbólico allí: los olvidados sosteniendo el destino del mundo.
III. El papel invisible de las mujeres
Durante siglos, la narrativa glorificó a Balmis y olvidó a Isabel Zendal.
Eso revela cómo la historia tradicional invisibilizó el trabajo de cuidado, incluso cuando era indispensable.
Sin Isabel, la expedición probablemente habría fracasado.
Ella fue la estabilidad emocional de aquella caravana flotante.
- El antecedente remoto de la salud pública moderna
La expedición anticipó conceptos modernos: vacunación masiva, logística sanitaria internacional, formación médica regional, campañas preventivas, cooperación global.
Fue, en muchos sentidos, un precursor lejano de las campañas internacionales contra la polio o la viruela del siglo XX.
El eco filosófico
Hay episodios históricos que parecen escritos para recordar que la humanidad no es solamente guerra, codicia y exterminio.
A veces, entre las ruinas del poder, aparece algo luminoso.
Un barco cruzando el Atlántico. Veintidós niños dormidos. Una mujer gallega velando sus sueños. Un médico cargando ampollas de esperanza. Un rey comprendiendo por un instante que gobernar también significa proteger.
Mientras Europa preparaba las guerras napoleónicas, mientras los imperios se despedazaban, mientras las coronas comenzaban a caer, una expedición silenciosa navegó océanos enteros llevando vida.
No llevaba oro. No llevaba cañones. No llevaba esclavos.
Llevaba vacuna.
Y quizá por eso la historia de Isabel Zendal es una de las más hermosas del mundo: porque demuestra que la civilización también puede medirse por la capacidad de cuidar al desconocido.
En el fondo, aquella mujer gallega no transportaba solamente medicina.
Transportaba el porvenir.
La memoria de Isabel Zendal Gómez tardó casi dos siglos en despertar plenamente. Durante mucho tiempo, su nombre quedó sepultado bajo el polvo de los archivos y la sombra de los grandes médicos varones de la expedición. Pero lentamente, como una lámpara que vuelve a encenderse en mitad del puerto, comenzaron a surgir homenajes, hospitales, escuelas y monumentos que hoy la recuerdan en España y América.
Entre los más importantes destacan:
El gran hospital Isabel Zendal en Madrid
El homenaje más famoso y monumental es el:
Hospital de Emergencias Enfermera Isabel Zendal
Construido durante la pandemia de COVID-19 e inaugurado en 2020, fue concebido como un hospital especializado para emergencias sanitarias y pandemias. Tiene más de mil camas y se convirtió en símbolo de la lucha sanitaria española contemporánea.
El hecho posee una fuerza profundamente simbólica: una mujer que llevó la vacuna contra la viruela por los océanos terminó dando nombre, dos siglos después, a un hospital levantado durante otra gran pandemia mundial.
Calles con su nombre
En A Coruña, Galicia
La ciudad desde donde partió la expedición terminó corrigiendo una deuda histórica.
Existe hoy la:
Calle Isabel Zendal Gómez
Anteriormente la calle tenía versiones incorrectas de su nombre (“Isabel López Gandalia”), hasta que en 2017 fue oficialmente rectificado para honrar su verdadera identidad.
Además, A Coruña posee:
una estatua conmemorativa junto al paseo marítimo,
monumentos dedicados a la expedición,
y memoriales a los niños que llevaron la vacuna.
Escuelas y enfermería
En México, donde Isabel Zendal terminó sus días y probablemente murió en Puebla, existen homenajes particularmente emotivos.
Destaca la:
Escuela de Enfermería Isabel Zendal
y también referencias educativas vinculadas a San Martín Texmelucan, Puebla.
Hay algo profundamente poético en ello: la mujer que cuidó niños atravesando el Atlántico terminó convertida en símbolo de la enfermería mexicana.
Medallas y reconocimientos oficiales
México también instituyó reconocimientos sanitarios inspirados en ella.
El más conocido es la:
Medalla Isabel Zendal
otorgada al mérito de enfermería.
Empresas científicas y farmacéuticas
Incluso el mundo farmacéutico moderno ha recuperado su nombre.
La empresa biotecnológica española:
Grupo Zendal
tomó su apellido como homenaje a la mujer que ayudó a expandir la vacuna por el mundo.
Monumentos y esculturas
En Galicia existen varias esculturas y memoriales:
una estatua de Isabel Zendal en el puerto de A Coruña,
homenajes en Ordes, su tierra natal,
placas conmemorativas de la expedición Balmis,
y monumentos dedicados a los niños portadores de la vacuna.
El reconocimiento de la OMS
Quizá el homenaje más grande no sea una calle ni un hospital, sino el reconocimiento histórico de la:
Organización Mundial de la Salud
que en 1950 la declaró la primera enfermera en misión internacional de la historia.
Y eso cambia todo.
Porque Isabel Zendal ya no pertenece únicamente a Galicia, ni a España, ni a México.
Pertenece a la historia universal de la humanidad.
Hay figuras históricas que conquistaron territorios mediante la espada. Otras mediante leyes. Algunas mediante fuego.
Isabel Zendal conquistó algo mucho más difícil: la posibilidad de que millones de niños sobrevivieran.
Por eso hoy su nombre aparece en hospitales, escuelas y calles. Porque lentamente el mundo empieza a comprender que también existen héroes cuya grandeza no proviene de destruir enemigos, sino de impedir funerales.
Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC quienes le invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención y lectura ©®








