Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo David Vásquez Urdiales

Mensaje del Dr. Arturo David Vásquez Urdiales a la Generación 2022–2025 de la Escuela Preparatoria “Chjine en Chjine Kjua”

 

Huautla de Jiménez, Oaxaca a 17 de Julio de 2025

 

Queridos jóvenes:

 

Por misteriosos caminos de la Providencia, esta generación lleva mi nombre. No lo entiendo del todo, y les soy sincero: no me siento digno de ello.

 

Quizá el buen Dios, en ocasiones y en su infinita sabiduría y prudencia, juega a los chascarrillos con nosotros!.

 

No soy un héroe, ni un sabio. Solo soy un hombre con errores, que ha caído muchas veces… pero que también aprendió a levantarse:

 

Con grandes animadversiones, Pero definitivamente con inexplicables y gigantes amigos, y la increíble presencia permanente de Dios en mi vida.

 

Buena suerte que tienes, me han dicho. No lo creo. Se llama la Angelica Presencia, la inexorable Presencia Divina.

 

He amado y he sido amado, he odiado y me han odiado, humano al fin, vengo a hablarles desde el fondo de mi corazón ya que en ambos supuestos cabe el perdón, la prudencia y la mejora. Hoy traemos buenas nuevas.

 

Hoy:

 

Si algo puedo ofrecerles hoy, no es un currículum, sino un pedazo de mi historia.

Fui un niño con dificultades, con padres distantes y con el peso de una vida que me lanzó a la calle cuando tenía apenas doce años. Una abuela me entregó cincuenta pesos y me señaló el rumbo de una estación de tren. Pero en vez de un tren, encontré la intemperie. Me perdí. Dormí en las banquetas. Comí de la basura. Escuché el silencio cruel de la ciudad y el rugido del abandono.

 

Y sin embargo, apareció un alma buena. Alguien me tendió la mano. Me convertí en ayudante “chalán” de un “evangelista” —esos escribanos de Santo Domingo que redactaban oficios y cartas con una vieja máquina de escribir. Aprendí a escribir a base de coscorrones, pellizcos y amor disfrazado de dureza.

 

Velé libros en una imprenta, pasé noches eternas en una librería de viejo. Ahí descubrí a Tolstói, a Víctor Hugo, al Quijote, a los griegos, a los pensadores, a los profetas. Y entendí que el saber puede salvar. Que los libros son lámparas. Que el lenguaje también es pan.

 

Luego vinieron más oficios. Litigué, fui consejero jurídico, construí leyes, fundé instituciones y tribunales… pero nunca olvidé el frío de aquella banqueta.

 

Porque desde ahí —sí, desde ahí— se puede iniciar un camino. Y porque la verdadera riqueza está en el corazón, no en la cuenta bancaria.

 

Hoy quiero decirles algo muy simple: sí se puede.

 

Sí se puede salir de la tristeza, del rechazo, del hambre, del error. Sí se puede construir una vida buena. La clave está en no perder la esperanza. Esa chispa que —como en las películas de Batman— se revela como la fuerza más poderosa del universo. No el miedo. No el poder. La esperanza.

 

Atrévanse a soñar. Sean técnicos, sean científicos, sean artistas, sean campesinos orgullosos o constructores del porvenir. Pero nunca sean cínicos. Nunca sean crueles. Y jamás —jamás— pierdan la fe.

 

Ustedes llevan en el alma la herencia de los pueblos originarios, el perfume de las montañas, la sabiduría de sus padres y la fuerza de su propio espíritu. Hablen con Dios. Hablen con su ángel de la guarda. Invoquen a los arcángeles si hace falta. Yo lo hice muchas veces, y no me fallaron.

 

Y si alguna vez sienten que no pueden más, recuerden esto: hubo un niño sucio, sin techo, sin rumbo, que un día soñó con escribir libros, con servir a su comunidad, con vivir del alma… y lo logró.

 

No me miren a mí. Miren dentro de ustedes. Allí hay luz. Allí hay destino. Allí está el milagro que esperan.

 

Felicidades, generación 2022–2025.

Sean grandes entre los grandes.

Vuelen. Suban. Luchen.

Y que Dios los bendiga eternamente.

Atentamente,

Dr. Arturo David Vásquez Urdiales