Por Arturo Vásquez Urdiales
2 de junio — La bula que reconoció el alma de los indios.
“Nos, que aunque indignos hacemos en la tierra las veces de Nuestro Señor… declaramos que dichos indios son verdaderos hombres…”
— Paulo III, Sublimis Deus, 1537
1537 — 2025: 488 años han pasado.
Hoy es 2 de junio de 2025, y han pasado exactamente cuatrocientos ochenta y ocho años desde que el Papa Paulo III firmó, con tinta temblorosa pero convicción de cielo, la bula Sublimis Deus, aquel documento tan piadoso como escandaloso para su época, que declaraba con rotundidad lo que el mundo europeo no quería aceptar:
los indios eran hombres.
Tenían alma.
Tenían derecho a ser libres.
Tenían derecho a poseer sus propiedades.
Y sobre todo, tenían derecho a conocer a Dios no por la violencia, sino por la palabra y el ejemplo.
Una bula contra emperadores y encomenderos
El siglo XVI no era un tiempo para ternuras.
Mientras el oro brotaba de las minas del Perú y el llanto indígena cubría las montañas de la Nueva España, el Papa Paulo III —Giovanni Maria Ciocchi del Monte— se atrevió a escribir una bula que, más que un decreto, fue un susurro de conciencia en medio del estruendo de los arcabuces, los cepos y los látigos.
No fue una declaración política ni militar. Fue más bien una declaración espiritual, casi infantil en su inocencia, pero tremendamente revolucionaria en su efecto. Decir que los indios tenían alma, que podían ser evangelizados con dignidad, y que no eran bestias de carga, fue —para los grandes poderes coloniales— un acto de abierta insubordinación.
No es casualidad que muchos monarcas y encomenderos ignoraran la bula, la consideraran papel mojado, o la enterraran bajo toneladas de oro saqueado. Pero allí estaba, como un lucero que brillaba más en la oscuridad.
El alma y la libertad: conceptos inseparables
La bula Sublimis Deus no es sólo un testimonio histórico. Es un alegato filosófico sobre la esencia del ser humano. El Papa no se detiene únicamente a decir que los indígenas pueden conocer a Dios. Declara también que pueden ser dueños de sus bienes y no ser esclavizados. Es decir, reconoce tres pilares esenciales de la dignidad humana:
El derecho a tener alma (trascendencia y sentido).
El derecho a la libertad (liberación de toda servidumbre).
El derecho a la propiedad (soberanía material sobre la vida).
Hoy, a la distancia de cinco siglos, esa triada resuena como una exigencia vigente. ¿No es acaso eso lo que pide el pueblo a su sistema de justicia? ¿No son esas las promesas no cumplidas de tantos Estados modernos?
México 2025: ¿tenemos alma a los ojos del juez?
Ayer fueron elecciones. El pueblo mexicano eligió, en medio de tensiones, campañas, y esperanzas, a quienes serán los nuevos operadores del sistema de justicia. Se trata de un momento crucial para la vida nacional. Pero la gran pregunta no es sólo quién ganó o perdió, sino:
¿GARANTIZARÁN ESOS JUECES EL DERECHO A TENER ALMA?
¿NOS TRATARÁN COMO SERES HUMANOS CAPACES DE JUSTICIA, O COMO BESTIAS MUDAS DEL SISTEMA?
A 488 años de la bula que denunció la esclavitud, hoy no se encadenan cuerpos…
se encadenan conciencias.
Hoy no se arrebatan tierras con armas…
se expropian sueños mediante trámites, exclusiones y simulaciones.
Hoy, como ayer, la justicia es un acto de fe.
Una lección para los jueces modernos
Cuando Paulo III escribió:
“…NO DEBEN SER REDUCIDOS A SERVIDUMBRE Y TODO LO QUE SE HUBIESE HECHO DE OTRO MODO ES NULO Y SIN VALOR…”
…no sólo sentó bases para el derecho internacional moderno. Declaró que ningún sistema de dominación tiene legitimidad si niega la humanidad del otro.
Por eso, hoy, este 2 de junio, mientras México estrena jueces y promesas de imparcialidad, conviene recordar que la justicia no se funda en leyes frías, sino en el reconocimiento de la dignidad viva.
Epílogo: un alma entre ruinas
La Iglesia reconoció —tarde y débilmente— el alma indígena.
La historia le agradece esa valiente torpeza.
Los imperios la ignoraron.
Los pueblos resistieron.
Hoy, tú que lees esto,
¿reconoces tu alma?
¿Reconoces la del otro?
¿Reconoces que toda ley es polvo sin espíritu?
Porque como escribió el Papa en 1537:
“NO ES CREÍBLE QUE EXISTA ALGUIEN QUE, DESEANDO LA FE, ESTÉ DESPOJADO DE LA MÁS NECESARIA FACULTAD DE OBTENERLA…”
Hoy, Hermano, la fe que debemos desear no es sólo la del cielo, sino la fe en la justicia.
Y en ese sentido, esta columna es también una bula.
Una bula hipnótica.
Para declarar que el pueblo mexicano tiene alma.
Y por lo tanto, no debe ser esclavo.
Ni por el sistema.
Ni por los jueces.
Ni por el olvido.
2 de junio de 2025. En recuerdo de una bula, un alma, y un país que quiere ser libre.
Aquí la bula :
LA BULA SUBLIMIS DEUS DE PABLO III
A todos los fieles cristianos que lean estas letras, salud y bendición apostólica. El Dios sublime amó tanto la raza humana, que creó al hombre de tal manera que pudiera participar, no solamente del bien de que gozan otras criaturas, sino que lo dotó de la capacidad de alcanzar al Dios Supremo, invisible e inaccesible, y mirarlo cara a cara; y por cuanto el hombre, de acuerdo con el testimonio de las Sagradas Escrituras, fue creado para gozar de la felicidad de la vida eterna, que nadie puede conseguir sino por medio de la fe en Nuestro Señor Jesucristo, es necesario que posea la naturaleza y las capacidades para recibir esa fe; por lo cual, quienquiera que esté así dotado, debe ser capaz de recibir la misma fe: No es creíble que exista alguien que poseyendo el suficiente entendimiento para desear la fe, esté despojado de la más necesaria facultad de obtenerla de aquí que Jesucristo que es la Verdad misma, que no puede engañarse ni engañar, cuando envió a los predicadores de la fe a cumplir con el oficio de la predicación dijo: Id y enseñad a todas las gentes, a todas dijo, sin excepción, puesto que todas son capaces de ser instruidas en la fe; lo cual viéndolo y envidiándolo el enemigo del género humano que siempre se opone a las buenas obras para que perezcan, inventó un método hasta ahora inaudito para impedir que la Palabra de Dios fuera predicada a las gentes a fin de que se salven y excitó a algunos de sus satélites, que deseando saciar su codicia, se atreven a afirmar que los Indios occidentales y meridionales y otras gentes que en estos tiempos han llegado a nuestro conocimientos -con el pretexto de que ignoran la fe católica- deben ser dirigidos a nuestra obediencia como si fueran animales y los reducen a servidumbre urgiéndolos con tantas aflicciones como las que usan con las bestias. Nos pues, que aunque indignos hacemos en la tierra las veces de Nuestro Señor, y que con todo el esfuerzo procuramos llevar a su redil las ovejas de su grey que nos han sido encomendadas y que están fuera de su rebaño, prestando atención a los mismos indios que como verdaderos hombres que son, no sólo son capaces de recibir la fe cristiana, sino que según se nos ha informado corren con prontitud hacia la misma; y queriendo proveer sobre esto con remedios oportunos, haciendo uso de la Autoridad apostólica, determinamos y declaramos por las presentes letras que dichos Indios, y todas las gentes que en el futuro llegasen al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidos a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor,[asimismo declaramos que dichos indios y demás gentes deben ser invitados a abrazar la fe de Cristo a través de la predicación de la Palabra de Dios y con el ejemplo de una vida buena, no obstando nada en contrario. Dado en Roma en el año 1537, el cuarto día de las nonas de junio (2 de junio), en el tercer año de nuestro pontificado.
Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC quienes le invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención








