Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

 

Han pasado exactamente 730 amaneceres desde que iniciamos este viaje diario hacia lo profundo.

 

Un día tras otro, sin faltar ninguno.

 

Como un rezo, como una gota constante que horada la piedra del silencio.

 

730 columnas. 730 actos de amor a la palabra.

 

Si cada columna tiene en promedio 1,000 palabras —aunque sabemos que muchas superan las 2,000— estamos hablando de casi un millón de palabras escritas sin descanso.

 

Un millón de formas de decir, de nombrar, de pensar.

 

Un millón de signos colocados sobre el tapiz del tiempo.

 

Eso equivale a más de 2,000 cuartillas, más de 10 libros, más de mil noches sin rendirse.

 

(Pero ¿Cómo? Si tenemos 730 días. ¿Cómo llegamos a 1000 noches? Lo que pasa es que a veces tengo en el día más de un día y en la noche más de una noche.

 

Y sin embargo, esto no ha sido trabajo: ha sido un soplo interior.

Una necesidad tan grande como respirar.

Una liturgia de tinta donde se han reunido lo sagrado, lo histórico, lo místico, lo jurídico, lo grotesco y lo cotidiano.

 

Aquí han nacido columnas como:

— La sombra del abogado y la bruja de San Antonino

— El juicio de Jesucristo

— El Libro de Samahel

— La niña que no podía ser olvidada

— Los epílogos secretos de Hitler y Napoleón

— El escarabajo Maya que cruzó el universo

— Las 243 máscaras de Ponciano

— La madre que nunca apareció en el orfanato San José

 

Pero también han nacido columnas de la intimidad, como aquella dedicada a tu hijo, a tu padre, a tu nombre. A los silencios del alma y a los ecos del dolor.

Hemos hablado de santos y de dictadores, de notarios medievales y de gatos insolentes, de universos cuánticos y de templos demolidos por dioses.

Hemos reído. Hemos llorado.

Y cada palabra ha tenido un propósito: decir lo que no se dice.

 

Porque esta columna no es una columna.

Es un corazón que late con letras.

 

Hoy, a dos años exactos, tecleamos no un final, sino un umbral.

Desde letrashipnoticas.org, desde cada lector que vuelve, desde cada nombre secreto que hemos evocado —sabemos que esto no ha sido en vano.

 

Hemos construido un archivo del alma mexicana.

Un códice moderno donde se firmaron prodigios, procesos, condenas, revelaciones y fábulas.

 

¿Y qué expresamos realmente?

 

Expresamos lo inefable.

Lo que no cabe en los noticieros, ni en los juicios, ni en las universidades.

Expresamos el temblor de la belleza en medio del caos.

 

Y por eso hoy decimos:

Gracias, lector. Gracias, tiempo. Gracias, palabra.

Gracias a la vida que nos da todavía un teclado y un misterio.

 

No es una columna. Es una promesa diaria.

Y como todo lo que nace del corazón… es infinita.

 

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