Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

 

El calendario revolucionario: un intento de reinventar el tiempo

 

Durante la Revolución Francesa, el tiempo mismo fue reformado. Se cambiaron los nombres de los días de la semana y los meses del año, en un intento por borrar el pasado y establecer un nuevo orden. Este cambio radical buscaba una ruptura total con la historia, algo que hoy nos parece curioso, pero que en su tiempo fue un proceso violento y despiadado.

 

El calendario republicano francés nació con la intención de erradicar cualquier vestigio del Antiguo Régimen y las referencias religiosas. Se instauraron doce meses de treinta días cada uno, con nombres inspirados en la naturaleza y el clima:

 

Vendimiario (22 de septiembre – 21 de octubre): vendimia.

 

Brumario (22 de octubre – 20 de noviembre): nieblas.

 

Frimario (21 de noviembre – 20 de diciembre): heladas.

 

Nivoso (21 de diciembre – 19 de enero): nieve.

 

Pluvioso (20 de enero – 18 de febrero): lluvias.

 

Ventoso (19 de febrero – 20 de marzo): vientos.

 

Germinal (21 de marzo – 19 de abril): germinación.

 

Floreal (20 de abril – 19 de mayo): floración.

 

Pradial (20 de mayo – 18 de junio): praderas.

 

Mesidor (19 de junio – 18 de julio): cosecha.

 

Termidor (19 de julio – 17 de agosto): calor.

 

Fructidor (18 de agosto – 16 de septiembre): frutos.

 

El año comenzaba con el equinoccio de otoño y se estructuraba en décadas, sustituyendo la semana de siete días por un ciclo de diez días llamados primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y decadi. Este sistema eliminaba los domingos y con ellos la influencia de la Iglesia en la organización del tiempo. Cada mes contaba con tres décadas y el año cerraba con cinco o seis días adicionales, llamados “sansculottides”, destinados a festividades cívicas.

 

Comparado con el calendario gregoriano:

 

Se eliminó la distribución irregular de los días en los meses (28-31 días), estableciendo uniformidad con 30 días por mes.

 

Se sustituyeron los nombres derivados de dioses romanos y emperadores por referencias a la naturaleza.

 

Se eliminaron las semanas de siete días, reemplazándolas por ciclos de diez días, reduciendo la frecuencia del descanso laboral y desvinculando el tiempo del calendario litúrgico.

 

Sin embargo, la imposición de esta nueva organización del tiempo estuvo acompañada de persecuciones y ejecuciones. La sangre corrió en las plazas y la guillotina trabajó sin descanso, mientras los revolucionarios intentaban imponer un mundo nuevo a golpe de decreto.

 

El calendario republicano no estuvo exento de dificultades. La falta de correspondencia con los calendarios internacionales y su complejidad generaron descontento. Finalmente, en 1806, Napoleón Bonaparte decretó su abolición y restauró el calendario gregoriano, reconociendo que el tiempo, más que una construcción política, es una estructura arraigada en la cultura y las costumbres.

 

Este episodio sigue siendo una de las más radicales transformaciones del tiempo en la historia de la humanidad, un intento de moldear la percepción misma del mundo bajo los ideales revolucionarios. Nos recuerda que las revoluciones no solo buscan cambiar gobiernos, sino que aspiran a redefinir la existencia misma de sus ciudadanos.

 

¿Lo habrán logrado?

 

¿O solo crean nuevos roles y nuevos titulares políticos?

 

URDIALES Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC ©® quienes les invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención.