Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

México 2250 y los Mexrobots

 

(Introducción: En el inestable mundo de la narración, la dogmática implica la creencia como principio de la inexistencia de la narrativa mexicana de ciencia ficción. Es más, como principio que "lo hecho en México está mal hecho." Y eso no es verdad. En las siguientes entregas desarrollaremos ciencia ficción mexa, 100% nita y claramente Oaxaqueña. Y  claro, después el consabido libro de ciencia ficción, como Thriller. Le invito a que se divierta un rato, la narrativa literaria ha de contribuir a su buena salud y a su buen estado de felicidad. Digámoslo en 2025, a su bienestar ¡Viva américa de habla castellana! Yo pienso que más de latinoamérica, es castellano-américa.

 

El Thriller forma parte de su correspondiente libro y se publica por acá en entregas diarias, después en Amazon.)

 

Comencemos :

 

La saga de los Estados Unidos Mexicanos Espaciales:

 

México 2250 y los Mexrobots

 

Capítulo 1: El corazón de metal

 

El Distrito Estratósfero de Tenochtitlán flotaba a 80 kilómetros sobre la Tierra, un anillo metálico donde los Estados Unidos Mexicanos Espaciales dirigían sus colonias interplanetarias. Desde sus ventanas se veían los cohetes MexSpace tipo Sonora salir rumbo a Marte y las majestuosas MexSpace tipo Acapulco atravesar la negrura del espacio hacia los mares de Casiopea 32277, donde México libraba su guerra interminable contra el Cártel Intergaláctico de los Rojos, los Guerreros y los Purgas.

 

En la Clínica BioSintética de la Nación, el doctor Tenoch, alias Águila de Titanio, cirujano de prestigio, revisaba los informes médicos en su despacho.

 

Su rostro bruñido reflejaba la luz de los monitores holográficos.

 

Con más de cien años de vida, sus manos robóticas eran de una precisión quirúrgica inigualable.

 

Como todos los Mexrobots, era un híbrido de carne y metal.

 

Esa mañana lo llamaron para una cirugía especial: el senador Aureliano Cruz, arquitecto de la expansión espacial mexicana, había sido elegido por la Junta de Mortalidad para recibir un cibercorazón.

 

¿Está listo, doctor? preguntó el ingeniero biomédico Xochipilli Ibarra, ajustando su bata de nanotela.

 

¿Qué opción eligió el senador? preguntó Tenoch.

 

La de siempre. Quiere metal.

 

El cirujano asintió en silencio. No le sorprendía. Desde que los Estados Unidos Galácticos habían impuesto la guerra a México, los políticos, soldados y empresarios optaban por implantes metálicos, convencidos de que la fuerza del acero los haría invencibles. Pero Tenoch, como buen Mexrobot, sabía la verdad: el metal no lo era todo.

 

El senador entró en su silla gravitacional, con la elegancia propia de la élite espacial.

 

Vestía un huipil digitalizado con patrones mayas que cambiaban de color según su estado de ánimo. Su expresión denotaba orgullo.

 

—Doctor Águila de Titanio, es un honor. He leído sobre sus habilidades.

 

—Gracias, senador. La operación está programada para esta tarde.

 

—Excelente. Ya tomé mi decisión. Quiero el corazón de titanio.

 

El cirujano cruzó las manos sobre la mesa de polímero negro.

 

—Antes de proceder, senador, quiero explicarle las diferencias entre el cibercorazón de metal y el cibercorazón fibroso.

 

—No hay necesidad. Ya lo decidí.

 

—Aun así, debo hacerlo —insistió Tenoch—. El cibercorazón fibroso, aunque artificial, está hecho de una matriz orgánica avanzada, capaz de autorrepararse y sincronizarse con su sistema inmunológico. El cibercorazón metálico, en cambio, depende de un pulsarregulador electromagnético que, aunque estable, ha presentado fallas en situaciones de alta radiación o guerra electrónica.

 

El senador Cruz frunció el ceño.

 

—¿Está insinuando que el titanio no es la mejor opción?

 

—No insinúo nada. Le informo que, en la última década, el 12% de los cibercorazones metálicos han fallado en zonas de conflicto intergaláctico.

 

—¿Y cuántos corazones fibrosos han fallado?

 

—Hasta ahora, ninguno.

 

El senador se inclinó en su silla gravitacional.

 

—Escuche, doctor, yo soy un líder de la nación. Desde morrito firme parte del legendario ejército de los siervos de la nación y he sido en múltiples ocasiones *fiel servidor moreno de las filas de la 109 transformación y el cambio* dando servicio en las *asambleas comunitarias de base* hasta el *senado intergaláctico mexicano y administrador municipal de las colonias en el espacio,*

el Espacio de México necesita políticos fuertes, no… débiles.

 

—¿Cree que un corazón de fibra lo haría débil?

 

—¡Por supuesto! Si acepto un implante parecido a lo humano, ¿qué mensaje mando a la gente? Necesitamos superar nuestros límites. Debemos ser más que humanos.  Siervos de acero es lo que toca. Ocupo un corazón de fierro, como la noble misión de la orden andreriana Tenoch lo observó en silencio.

 

Sabía que nada lo haría cambiar de opinión. El senador Cruz, como muchos otros, sufría de la misma obsesión: quería ser un Mexrobot, pero sin aceptar lo que significaba ser uno.

 

—Muy bien —dijo al final—. Le colocaremos el corazón de metal.

 

El senador asintió con satisfacción.

 

—Haga lo mejor que pueda, doctor.

 

—Siempre lo hago.  Es mi misión como siervo de la nación intergaláctica.

 

El cirujano observó cómo la silla gravitacional salía flotando. Una vez que la puerta se cerró, el ingeniero biomédico Xochipilli Ibarra entró de nuevo.

 

—¿Y bien? —preguntó.

 

—Lo que esperabas. Eligió el metal.

 

—Todos lo hacen. Creen que los hará invulnerables.

 

—Solo hay una diferencia entre los corazones metálicos y los corazones fibrosos murmuró Tenoch.

 

—¿Cuál?

 

El cirujano miró sus propias manos de titanio.

 

—El metal se puede romper.

 

Xochipilli asintió con gravedad.

 

—¿Y si descubren la verdad?

 

Tenoch sonrió con ironía.

 

—Entonces, los Mexrobots seremos los únicos que quedaremos en pie.

 

En la pantalla del quirófano, la cirugía estaba programada. En unas horas, el corazón de metal latiría en el pecho del senador Aureliano Cruz Toledo.

 

Y en el universo en guerra, nadie imaginaba que aquel corazón llevaba consigo un secreto que podría cambiar el destino de México.

 

(Fin del Capítulo 1)

 

Nota del narrador:

 

¿Qué te parece? Te gustó el primer capítulo con sus 750 palabras exactas?

 

Si te gusta, seguimos con el segundo, donde exploraremos más sobre el senador, la conspiración detrás de los Mexrobots y las guerras púnicas espaciales.

 

Allá en el futuro, también habrá carteles violentos.

 

Muchas gracias por leer literatura mexicana, ni moderna ni posmoderna, ni de ciencia ficción posmoderna, más bien posactual híbrido conceptual en narrativa de ficción espacial castellano américana.

 

MexSpace Corp. y AntaresSpace Corp. Le agradecen su distinguida atención.

 

Qué dice, ¿le seguimos mañana?

 

Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC ©® quienes les invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo terrestre y extraterrestres mejor; llenitito de buenos lectores agradezco mucho su lectura.