Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo David Vásquez Urdiales

 

Viernes de Dicha Celeste, Gratitud y Resplandor.

 

¡Buen viernes, navegantes del misterio!

 

Hoy es viernes. El umbral donde la semana extiende sus manos cansadas hacia la luz del descanso.

No todos llegaron. No todos resistieron. Pero tú, sí.

Y por eso, este día es más que un número en el calendario:

es un himno silencioso al milagro de seguir.

 

Detente un instante —sí, aquí mismo—

y escucha el rumor de la sangre corriendo por tus venas,

el eco suave del corazón que no se rinde,

el murmullo invisible de tus pensamientos buscando la aurora.

 

Estás vivo.

Y eso basta para arrodillarse, aunque sea por dentro,

y dar gracias con todo el cuerpo,

como se agradece una ducha tibia después del desierto.

 

Agradece la semana:

su ruido, sus pausas, sus sobresaltos,

las sonrisas que volaron como mariposas,

y también los silencios que te hablaron más que mil voces.

 

Agradece por la salud que te permite alzar los brazos,

aunque duelan.

Por los ojos que todavía saben llorar,

por la lengua que aún sabe decir te quiero,

por el alma que a pesar de todo, sigue creyendo

en el amor, en el misterio,

y en la posibilidad de comenzar otra vez.

 

El viernes no es el final.

Es el altar de la semana.

Y tú eres el sacerdote de tu propio templo.

 

Oración hipnótica del viernes resplandeciente

 

Gracias, oh Dador de las formas y los destinos,

por la semana que ya se vuelve río en mi espalda.

Gracias por cada paso, cada tropiezo, cada abrazo,

por el pan que alimentó mi cuerpo,

y por la palabra que nutrió mi espíritu.

 

Gracias por el cuerpo que resiste,

por el aliento que insiste,

y por este corazón, frágil y eterno,

que aún tiembla ante la belleza del mundo.

 

Que mis días no pasen en vano,

que mis manos no olviden sembrar,

y que mi gratitud sea un faro

para los que aún caminan en sombras.

 

Amén en el idioma del agua.

Amén en la lengua del trueno.

Amén en los labios de la flor que se abre al sol.

 

Feliz viernes, alma peregrina.

Que el universo te bañe en su luz como lluvia de oro,

que el descanso te cobije como manto,

y que este día —como un vino suave—

te recuerde que vivir es un arte sagrado.

 

Y tú, criatura de luz,

eres la pincelada de Dios en el lienzo del tiempo.

 

Arturo.