Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

El Cinismo del Hombre

El ladrón que quiere ser candidato a Magistrado o Ministro.

Bien se dice que a mar revuelto ganancia de pescadores.

Ello es cierto, aún no se aprueba la tan comentada reforma a la Constitución para que Jueces, Magistrados y Ministros de la SCJN sean electos por votos populares y ya más de un dichoso espécimen se anda poniendo la toga.

Debajo de la Toga de les va a salir la cola que termina en pico de tremendo diablo, u otras especies belcebúescas y teatrales.

No sabemos si se apruebe o no esa reforma. Pero es un chiste y una caricatura el proceder de cínicos, corruptos, ladrones, falsificadores, engaña bobos, timadores y delincuentes, y cómo diría un exmagnate poblano de triste memoria, -porque al pequeño sátrapa le gustaban las botellas de cognac de 15 y 18 años- la pequeña bestesuela decía: "¡qué cinismo!"*

Y eso toca decir ahora: ¡Qué cinismo!

Capítulo 1: La Degradación del Espíritu

En los recovecos oscuros de nuestra sociedad, donde la moralidad parece haberse diluido entre la ambición y el poder, nos encontramos con un fenómeno perturbador: un hombre, un delincuente, que ha cruzado repetidamente el umbral de la legalidad, ahora se atreve a aspirar a una posición de justicia, haciendo campaña para ser magistrado. Este personaje, cuya trayectoria incluye la falsificación de documentos, la usurpación de terrenos y un catálogo de crímenes que harían palidecer al más audaz de los malhechores, se presenta ahora como un guardián de la ley.

El moderno barrabás

Pero no es la supuesta reforma a la constitución la que criticamos aquí. No es la estructura legal la que ponemos en juicio, sino el alma humana. ¿Cómo es posible que un hombre, consciente de sus propios crímenes, se atreva a aspirar a un puesto donde se espera justicia y rectitud? La respuesta yace en el cinismo, en la pérdida total de vergüenza y en la depravación moral que caracteriza a estos individuos.

Moderno Dimas.

Capítulo 2: El Hombre Cinismo

El cinismo, según el filósofo griego Diógenes de Sinope, originalmente representaba una vida vivida de acuerdo con la naturaleza, despojada de las convenciones sociales y las corrupciones de la civilización. Sin embargo, lo que vemos en este hombre no es un retorno a la naturaleza, sino una perversión del concepto. Este hombre encarna un cinismo que ha evolucionado hacia la desfachatez, hacia la mentira sistemática y la manipulación sin escrúpulos. Es un cinismo que ya no cuestiona la corrupción del sistema, sino que la utiliza para su beneficio.

El hombre delincuente que aspira a ser magistrado no es más que un espejo distorsionado de lo que nuestra sociedad ha permitido que florezca: la fatuidad y el engaño, disfrazados de ambición y supuesta redención.

En su campaña, no busca justicia, sino más poder, no busca servir a la comunidad, sino servirse de ella. Y en este juego, la verdad y la moral se han convertido en monedas de cambio, fácilmente intercambiables por el precio correcto.

Aquí estás Gestas.

Capítulo 3: La Lucha entre el Bien y el Mal.

En contraste, la moralidad genuina y la ética verdadera se encuentran en palabras como las del siguiente pensamiento:

Estás breves líneas fueron encontradas en un arrugado pedazo de papel de un soldado que murió en un combate en la toma de Puebla, el pueblo siempre ha hecho buenos y dignos soldados, buenos hijos de México.

"Señor, perdóname porque no me he regocijado siempre, ni he orado sin cesar, ni te he dado gracias en todo. Procuraré estar en armonía con las personas con quienes me encuentre; honraré a los que Tú has levantado a favor de mi comunidad. Ayúdame a cumplir Tu voluntad, venciendo el mal con el bien."

Estas palabras, que resuenan con humildad y devoción, nos muestran el camino del bien, uno que se basa en el reconocimiento de nuestras propias fallas, en la búsqueda constante de la armonía y en la voluntad de vencer el mal con el bien.

"La Toga entre Dimas y Gestas, cálmate porque apestas.

Pero el hombre que hemos descrito, el delincuente que pretende erigirse en magistrado, representa todo lo contrario: el mal que se disfraza de bien, la mentira que se viste de verdad.

Los bandidos a la Corte: ¡Pero como Jueces!.

Grandes pensadores como Sócrates nos han enseñado que "la justicia es la armonía del alma". Por otro lado, Immanuel Kant sostenía que el imperativo categórico nos obliga a actuar de tal manera que nuestras acciones puedan convertirse en leyes universales. Pero, ¿cómo podría este hombre, cuya vida ha sido una cadena de engaños, sostener el peso de tales principios?

Al final, esta columna no es solo una reflexión sobre un hombre, sino sobre todos aquellos que, al igual que él, han olvidado el valor del bien en su afán por el poder.

Es un recordatorio de que, en última instancia, la verdadera justicia no reside en las leyes que se escriben, sino en los corazones que las aplican.

Y es allí donde la lucha entre el bien y el mal continúa, un combate que debemos estar dispuestos a enfrentar, no solo en las cortes de justicia, sino en cada decisión que tomamos en nuestras vidas.

La reforma a la Constitución ha formado un nuevo fenómeno, como lo diría el citable filósofo oaxaqueño: "aún no matan al oso y ya están vendiendo la piel".

Este moderno belcebú aún no tiene ni los tiros de la escopeta, es más, aún no tiene ni siquiera la escopeta, es más, todavía ni va al Oxxo, pero ya se puso la toga, y se le sale por abajo la cola.

Aquí huele a azufre.

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