Ofrenda de muertos, tradición que superará los tres mil pesos

Francisco RAMÍREZ/FOTO WEB

En la víspera de la festividad del Día de Muertos, productos como la fruta, las veladoras, los panes, el mole, la flor, el mezcal, darán otro golpe de muerte a la tradición. Los precios para la elaboración del altar u ofrenda, son significativos y más ahora con la pandemia y la falta de circulante; por lo que la inversión para celebrar el regreso de las ánimas no estará por debajo de los 3 mil pesos.

El altar de Día de Muertos es una gran tradición mexicana que perdura y que está compuesto por elementos básicos cuyo valioso significado lo ha convertido en una de las partes más importantes de la celebración del 1 y 2 de Noviembre.

La ofrenda de muertos se lleva a cabo gracias a que, según se cree, las ánimas regresan a disfrutar los platillos que en vida gustaron, aunque en cada región del estado varia, la fruta, los platillos típicos como el mole o la flor de cempasúchil, no pueden faltar.

Cabe destacar que las ofrendas se colocan en una mesa con dos niveles que simbolizan el cielo y la tierra. Si es de tres, se les añade el purgatorio. Las más grandes son de siete niveles y representan los pasos para llegar al descanso eterno.

El altar de muertos es una construcción simbólica resultado del sincretismo de las ideologías prehispánicas, la cosmovisión endémica de las culturas mesoamericanas y las creencias religiosas europeas de carácter abrahámico traídas por los conquistadores y misioneros españoles encomendados a la colonización y conversión de los pueblos nativos del actual territorio mexicano. Las creencias mesoamericanas sincréticas, para rendir tributo a los antepasados familiares, a los difuntos cercanos o a personajes importantes.

Pero este año, esta representación, como muchas de las tradiciones que se realizan de una manera costumbrista, volverán a estar restringidas por la pandemia de Covid-19, que aun cuando el estado se encuentra ubicado en el semáforo epidemiológico en color verde, las autoridades han determinado la cancelación de estas muestras de la cultura mexicana.

Aunado a ello, la crisis económica que ha arrastrado la pandemia, durante los últimos meses ha propiciado el incremento de precios en productos que tradicionalmente se convierten en la ofrenda del altar de muertos.

Esta situación ha hecho, durante este tiempo, que la tradición se vea disminuida y ante la escalada de precios los oaxaqueños terminarán poniendo una veladora nada más a sus difuntos.

GASTO PROMEDIO

Aun cuando el alza de precios, conforme avanza la temporada, llega a su tope pasada la fiesta, hoy podemos encontrar que el gasto promedio en un altar de muertos, podría superar los tres mil pesos, pero este pude estar más allá de los 5 mil pesos dependiendo de la calidad de productos que se utilizan en la ofrenda.

Pero qué tan caros están los productos, la fruta, las veladoras, los panes, el mole, la flor, el mezcal, TIEMPO de Oaxaca realizó un recorrido por algunos centros comerciales donde se distribuye lo más esencial de esta fiesta.

Es así que, pese a la crisis económica, se puede ver a quienes “echan la casa por la venta” como también a quienes miden sus gastos, pues a decir de los mismos comerciantes, la situación de salud aún está por encima de la festividad, pues a pesar de la vacunación y que ha dado más seguridad a la gente para salir a la calle, aún hay temor por la pandemia.

Es así que dentro de los productos más esenciales para la colocación del altar, está la fruta, la cual por kilo o por caja, no deja de representar un gasto importante. A dos semanas de la festividad, el ciento de Naranja, tiene un costo máximo de 120 pesos; el kilogramo de plátanos está en 13 pesos; la caja de manzana llega a los 800 pesos y la caja de mandarían tiene un precio de 120 pesos.

A ellos habría que sumarle otras frutas, como el cacahuate, la nuez, guayabas u otras al gusto de quien se echa acuestas la preparación de la ofrenda.

De lo más tradicional que no puede faltar en esta temporada y sobre todo en el altar, está el chocolate, el Mole y el pan. La molienda de chocolate (cacao natural, canela y azúcar) tiene un precio de 220 pesos, pero puede llegar hasta los 310 pesos, dependiendo de los ingredientes que se utilicen.

En el caso del Mole, la cubeta de 4.5 kilos cuesta 390 pesos, pero si se trata de una celebración “en grande”, los 20 kilogramos alcanzan a tener un costo de mil 250 pesos.

Mientras en el caso del pan, dependiendo del tamaño, este puede encontrarse desde los 50 a 120 pesos la pieza.

Otro apartado de las ofrendas, son las velas, las veladoras o las veladoras cirios, estas pueden encontrarse hasta en los 535 o 550 pesos, la caja, dependiendo tamaño o por pieza; por lo que hasta aquí, sin contar algunos otros productos tradicionales y la cantidad que se compre, el gasto para la festividad puede estar alcanzado la cifra de los 3 mil a 3 mil 500 pesos.

Pero como la ofrenda queda a gusto de cada quien, esta puede seguir sumando cifras con los adornos (500 pesos promedio), las flores (90 a 150 pesos), el copal, el dulce de calabaza, las manzanitas en miel, las cañas, el nicuatole, los tamales, las calaveras de dulce.

LA FIESTA

Es así que la construcción y representación del altar de muertos varía según la idiosincrasia y los elementos disponibles en una determinada región, así como de la cosmovisión de las diferentes culturas y etnias.

Es así que en algunos lugares la fiesta comienza cuando una persona de la casa enciende las velas del altar susurrando los nombres de los difuntos, se reza pidiendo el favor de Dios para que lleguen con bien.

El festejo es un reencuentro, aunque breve, feliz, con la promesa de alcanzarlos en el más allá, llegado el momento.

Al término se apagan las veladoras y se despide a los espíritus, deseándoles buen viaje de regreso al más allá y pidiéndoles que retornen el próximo año. Además de que todo lo que lleva la ofrenda se reparte entre las personas que realizaron dicho acontecimiento.

ANGELITOS Y FIELES DIFUNTOS

Dice la tradición, que cada 31 de octubre las almas de los niños que ya murieron bajan del cielo en forma de ángeles, mismos que visitan el hogar donde un día vivieron, jugaron o donde sus padres viven, estos ángeles son juguetones y se puede sentir su presencia en las casas; ellos regresan al cielo el 01 de noviembre a las 12:00 del día, misma fecha y hora donde Dios le permite a la las álmas de los fieles difuntos regresar a su hogar a visitare a su familia.

El trayecto es largo por ello al llegar al hogar se les recibe con un camino de flores que los guiara hacia un gran altar lleno de frutas, comida y todo aquello que en vida le gustaba, un sumerio con copal es lo que purifica el lugar donde esta alma estará durante 24 horas conviviendo con sus familiares.

Se dice que si no se cumple con esta tradición el alma de tu ser querido llegará y al no encontrar nada se sentara a sufrir el abandono de su familia, es por ello que cada año a las almas de los angelitos y fieles difuntos se les prepara un altar que contiene una vela que representa la luz que deben de seguir, altar que con un vaso de agua les calma la sed de aquellos que no pudieron llegar al cielo y pagan sus culpas en el purgatorio o el infierno.

EN LA CUENCA

En la región de la Cuenca del Papaloapan, la colocación del altar es un rito familiar para el que se preparan desde un año antes. En la comunidad de San José Chiltepec, por ejemplo, los habitantes crían los animales que sacrificarán para los alimentos del altar, al igual que siembran las flores a utilizar.

En sus altares colocan palma y flores de cempasúchil y borla las que llaman “moco de pavo”. Al centro se ubica una sábana con imágenes religiosas. Por las características propias de la región se colocan frutas como coco, plátanos, piña, caña, camotes, yuca, calabazas, papaya; no puede faltar “el popo”, la bebida tradicional.

VALLES CENTRALES

En los Valles Centrales, la instalación del altar se origina en los altares permanentes que las familias colocan a sus seres queridos desde que mueren. El 31 de octubre se inicia con el arreglo del altar especial donde colocarán pan, chocolate y frutas, pues se cree que a las 15 horas comienza el arribo de los “angelitos” o niños difuntos. La llegada de los adultos, se cree, es al día siguiente, para quienes colocan mole, tamales y mezcal, ofrenda a la que se suman las recibidas de otros familiares.

EN LA SIERRA NORTE

En la Sierra Norte es común encontrar a las familias armando la ofrenda desde el 30 de octubre. Las flores son colocadas a modo de alfombra, mientras que en las ofrendas resalta el mezcal y los tamales de frijol.

EN EL ISTMO

En la región del Istmo de Tehuantepec, la festividad de muertos comienza desde el 29 de octubre con la instalación del altar, de la que existen dos variantes: la relacionada al inframundo llamada “Xandú Yaa” y el que recibe por primera vez al fallecido, “Biguié”. Los zapotecas del Istmo no celebran a sus muertos el 1 y 2 de noviembre.

EN LA COSTA

En región de la Costa, el pueblo negro festeja rodeado por misticismo y religiosidad, así como de danzas. Desde antes del 31 de octubre, la gente va al monte por los bejucos para armar el altar que es adornado por flores tradicionales de muerto. (AGENCIAS)