Por Arturo Vásquez Urdiales
Requiem por un buen amigo y gran oaxaqueño
Jesús Martínez Álvarez: el hombre de Estado que hizo de la política un oficio de servicio*
18 de septiembre de 1944 — 21 de agosto de 2026
Hay hombres cuya vida puede medirse por los cargos que ocuparon. Y hay otros cuya verdadera dimensión solamente puede comprenderse observando las instituciones, las ciudades y las generaciones de servidores públicos que atravesaron su camino.
Jesús Martínez Álvarez perteneció a los segundos.
Oaxaqueño por nacimiento, formación y vocación, murió este 21 de agosto de 2026, dejando detrás de sí una trayectoria de más de medio siglo en la vida pública mexicana. Fue contador público, presidente municipal de Oaxaca de Juárez, gobernador interino de Oaxaca, diputado federal en dos ocasiones, funcionario del Gobierno del Distrito Federal y, en los últimos años de su vida pública, nuevamente secretario general de Gobierno de Oaxaca.
Pero reducirlo a esa sucesión de cargos sería hacerle una injusticia.
La historia de Jesús Martínez Álvarez fue, ante todo, la historia de un hombre de operación política: alguien que conoció la administración desde sus entrañas, que entendió la negociación como instrumento de gobierno y que atravesó distintas épocas de la política mexicana conservando una característica particularmente escasa: el conocimiento directo del poder y de sus responsabilidades.
Un oaxaqueño formado en el servicio
Nacido el 18 de septiembre de 1944, Jesús Martínez Álvarez se formó profesionalmente como contador público en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Su propia narración sobre aquellos primeros años revela una personalidad eminentemente práctica: antes que construir una carrera académica, buscó aprender el oficio que le permitiera abrirse camino en la vida.
Comenzó trabajando como cobrador y posteriormente ejerció en despachos de contabilidad. Aquellos años tempranos resultarían fundamentales para el hombre público que habría de convertirse después: aprendió a tratar directamente con personas, empresas, problemas concretos y responsabilidades concretas.
Su entrada a la administración pública oaxaqueña fue gradual. Ocupó responsabilidades como recaudador de rentas y subtesorero general, hasta convertirse en secretario general de Gobierno durante la administración del gobernador Pedro Vázquez Colmenares.
No llegó al gobierno desde la teoría.
Llegó desde el conocimiento de la administración.
Y esa diferencia marcaría toda su trayectoria.
La ciudad de Oaxaca y el alcalde
Entre 1978 y 1980 encabezó el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez.
Fue una época en la que la capital oaxaqueña enfrentaba problemas urbanos que hoy pueden parecer familiares, pero que entonces tenían dimensiones enormes. Uno de ellos era el comercio ambulante en el Centro Histórico.
Durante su administración se emprendió una profunda reorganización del espacio urbano. Una crónica posterior señala que fueron retirados alrededor de cinco mil vendedores ambulantes que ocupaban 42 cuadras del centro, además de cientos de anuncios luminosos, toldos y marquesinas.
Más allá de las controversias que una política de esa naturaleza pudiera suscitar —y que deben ser comprendidas dentro del contexto de su época— existe algo revelador en aquella administración: Martínez Álvarez entendía que gobernar significaba tomar decisiones difíciles sobre problemas reales.
No concebía el gobierno como un escenario para pronunciar discursos, sino como una maquinaria que debía producir resultados.
Durante aquel periodo también se documenta una particular atención a las relaciones entre gobierno, trabajadores y organizaciones sindicales. Quienes colaboraron con él han recordado aquella etapa precisamente por la capacidad de mantener canales de comunicación con los distintos sectores de la ciudad.
Ese estilo —administración, negociación y decisión— se convertiría en una constante.
El gobernador en una hora decisiva
En 1985, Jesús Martínez Álvarez llegó a una de las posiciones más altas que puede ocupar un oaxaqueño.
Pedro Vázquez Colmenares solicitó licencia para asumir la dirección general de Aeropuertos y Servicios Auxiliares. Martínez Álvarez, entonces diputado federal por Oaxaca, fue designado gobernador interino.
El Diario de los Debates de la Cámara de Diputados conserva incluso el documento mediante el cual solicitó licencia para separarse de su cargo legislativo y asumir la gubernatura del estado.
Gobernó Oaxaca entre 1985 y 1986, en una etapa particularmente compleja de la vida política nacional y estatal. El propio Congreso de la Unión registró posteriormente la convocatoria a la sesión solemne en la que rendiría su informe de gobierno.
Su gubernatura fue breve, pero su importancia dentro de su trayectoria fue enorme.
Porque después de haber sido presidente municipal, funcionario hacendario y secretario general de Gobierno, Martínez Álvarez conoció desde la cúspide aquello que ya había aprendido desde abajo: que el Estado no funciona solamente mediante leyes; funciona mediante personas capaces de hacerlas operativas.
De Oaxaca a la capital de la República
Su carrera no terminó al abandonar el Palacio de Gobierno de Oaxaca.
Por el contrario, comenzó una de sus etapas más singulares.
Martínez Álvarez se incorporó al equipo político de Manuel Camacho Solís en el entonces Departamento del Distrito Federal. Ocupó distintas responsabilidades y llegó a ser secretario general de Gobierno del Distrito Federal. Un documento oficial publicado en el Diario Oficial de la Federación en 1991 registra su firma precisamente en esa calidad.
También desempeñó responsabilidades administrativas y políticas en la delegación Venustiano Carranza y en otros ámbitos de la administración capitalina.
Fue ahí donde su trayectoria adquirió una dimensión nacional.
El Oaxaca que lo había formado encontró en la Ciudad de México un laboratorio político completamente distinto: una metrópoli gigantesca, con conflictos urbanos, organizaciones sociales, comercio informal, transporte, seguridad, burocracia y una densidad política incomparable.
Y Martínez Álvarez llevó consigo la experiencia adquirida en Oaxaca.
Algunos testimonios posteriores lo recuerdan precisamente como un operador de enorme experiencia en la gobernabilidad urbana. Incluso se le atribuyó haber intervenido en la reorganización del comercio ambulante en zonas de La Merced y del Centro Histórico, así como en la administración de Ruta 100.
Fue también durante aquella etapa cuando comenzó una relación política y personal que tendría consecuencias históricas para Oaxaca.
El maestro político de una nueva generación
Uno de los capítulos menos visibles, pero quizá más trascendentes, de la vida de Jesús Martínez Álvarez fue su papel en la formación de una generación de políticos oaxaqueños.
Entre ellos estuvo Gabino Cué Monteagudo.
En una entrevista depositada en el repositorio de El Colegio de México, Martínez Álvarez recordó que conoció a la familia de Cué desde décadas atrás y que posteriormente, durante su trabajo en la Ciudad de México, tuvo la oportunidad de incorporarlo a su equipo.
El propio Cué ha relatado que fue precisamente durante aquella etapa del Gobierno del Distrito Federal cuando se produjo su encuentro con Martínez Álvarez y que, por recomendación de éste, comenzó a integrarse al equipo político que rodeaba a Camacho Solís.
La importancia de ese episodio sólo puede comprenderse mirando retrospectivamente la historia.
Aquel joven oaxaqueño que entró al círculo político de Martínez Álvarez terminaría convirtiéndose décadas después en gobernador constitucional de Oaxaca.
Así, la obra de un hombre de Estado no necesariamente se encuentra únicamente en los decretos que firma.
A veces se encuentra en las personas que ayudó a formar.
La transformación política
Martínez Álvarez fue también testigo y protagonista de la transformación del sistema político mexicano.
Durante décadas perteneció al Partido Revolucionario Institucional. Sin embargo, en 2001 rompió con el PRI y se incorporó a Convergencia, movimiento encabezado por Dante Delgado.
Posteriormente llegó nuevamente a la Cámara de Diputados, ahora como legislador de Convergencia, durante la LIX Legislatura, entre 2003 y 2006, llegando a coordinar a su grupo parlamentario.
Aquella transición resulta importante porque muestra que Martínez Álvarez no quedó congelado en una época política.
Fue capaz de atravesar el final del régimen hegemónico, la alternancia, la reorganización de las fuerzas políticas y la aparición de nuevas coaliciones.
Su vida pública terminó siendo, en cierto sentido, un espejo de la propia transformación política de México.
El regreso a Oaxaca
En 2011 volvió al gobierno de Oaxaca.
El gobernador Gabino Cué lo nombró secretario general de Gobierno, reconociendo en él precisamente aquello que pocos políticos pueden acumular: experiencia, conocimiento del territorio y capacidad de interlocución.
El nombramiento tuvo una fuerza simbólica extraordinaria.
El hombre que décadas atrás había sido secretario general de Gobierno regresaba ahora a la misma oficina, pero bajo un régimen político distinto y con aquel antiguo colaborador —Gabino Cué— convertido en gobernador constitucional.
Era una especie de círculo histórico.
Martínez Álvarez permaneció en el cargo hasta abril de 2013. Su salida estuvo acompañada por una carta dirigida al gobernador en la que argumentó la existencia de intereses internos que, a su juicio, impedían resolver determinados conflictos. Presentó su renuncia con carácter irrevocable.
Incluso en su despedida apareció una característica constante de su personalidad pública: la convicción de que la política debía servir para resolver conflictos, no simplemente administrarlos indefinidamente.
Un político de otra escuela
Jesús Martínez Álvarez perteneció a una generación política que entendía el poder de una manera distinta a la contemporánea.
Para ellos, la política era presencia física.
Era caminar los mercados.
Era conocer a los sindicatos.
Era sentarse con adversarios.
Era contestar el teléfono.
Era conocer personalmente a los presidentes municipales.
Era saber quién podía resolver un conflicto y quién podía agravarlo.
Era comprender que una decisión administrativa podía alterar la vida de miles de personas.
Y, sobre todo, era entender que la gobernabilidad se construye.
Por eso quienes lo describieron a lo largo de los años recurrieron frecuentemente a términos como experiencia, oficio, negociación y capacidad política. Un análisis contemporáneo a su regreso a la Secretaría General de Gobierno lo describió como un político experimentado, con larga trayectoria administrativa y experiencia en el difícil oficio de la gobernabilidad.
No era un político improvisado.
Había sido alcalde.
Tesorero.
Secretario de Gobierno.
Gobernador.
Diputado.
Funcionario capitalino.
Operador político.
Y nuevamente secretario de Gobierno.
Había conocido prácticamente todos los niveles de la maquinaria pública.
La dimensión humana
Pero ninguna biografía política puede comprenderse únicamente mediante sus cargos.
Detrás de ellos estaba el hombre.
El oaxaqueño nacido el 18 de septiembre de 1944, que comenzó su vida profesional trabajando y construyendo relaciones desde abajo; el servidor público que conoció las oficinas de recaudación antes que los palacios de gobierno; el político que construyó amistades capaces de atravesar décadas y cambios de partido; el hombre que vio a jóvenes colaboradores convertirse posteriormente en figuras nacionales.
Esa dimensión humana explica quizá mejor que cualquier currículum la longevidad de su influencia.
Porque el poder institucional puede terminar cuando termina un nombramiento.
La influencia personal puede sobrevivir durante generaciones.
La última página
Hoy, 21 de agosto de 2026, Oaxaca despide a uno de sus protagonistas.
Jesús Martínez Álvarez murió a los 81 años, después de haber dedicado buena parte de su existencia al servicio público y de haber atravesado algunas de las transformaciones políticas más profundas de México.
Su generación se va llevando consigo una forma particular de entender la política.
Una política menos digital y más presencial.
Menos instantánea y más paciente.
Una política en la que la palabra empeñada tenía un peso específico y donde la capacidad de sentarse frente al adversario y encontrar una salida podía valer tanto como cualquier discurso.
Su trayectoria no fue perfecta —ninguna vida política digna de ser estudiada lo es—, pero fue larga, compleja, influyente y profundamente ligada a la historia contemporánea de Oaxaca.
Fue alcalde de su capital.
Fue gobernador de su estado.
Fue legislador de la República.
Fue funcionario de la capital nacional.
Fue constructor de relaciones políticas que terminarían teniendo consecuencias históricas.
Y regresó, ya en otra época, para servir nuevamente a la tierra que lo vio nacer.
Por eso, al despedirlo, quizá la mejor manera de comprender su legado sea recordar que los estados no se construyen únicamente con grandes obras materiales.
También se construyen con instituciones, decisiones, relaciones, generaciones y personas que dedican su vida a mantener en funcionamiento la compleja maquinaria de lo público.
Jesús Martínez Álvarez dedicó la suya a ese oficio.
Y Oaxaca, que durante más de ocho décadas fue su origen, su escenario y su destino, conserva ahora su nombre dentro de esa larga galería de hombres y mujeres que hicieron de la vida pública una parte inseparable de la historia del estado.
Descanse en paz Don Jesús Martínez Álvarez.
Oaxaca despide hoy a uno de sus hijos políticos más experimentados.
Su vida pertenece ya a la memoria; su obra, a la historia.
Con profundo respeto
Arturo Vásquez Urdiales








