Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

Los omatidios del amor: cuando el ser humano cree ver como mosca*

Hay frases que aparecen de pronto en la vida cotidiana como si hubieran caído de un laboratorio entomológico en medio de una cantina.

Una de ellas es esa sentencia inesperada que alguien lanzó hace poco:

“Te están fallando los omatidios.”

Confieso que por un instante la frase quedó flotando como un mosquito en el aire.

Luego vino la curiosidad, que es la prima hermana de la risa.

Porque los omatidios, estimado lector, no pertenecen a los humanos.

Pertenecen a las moscas.

Y algunos crustáceos.

 

I.- Breve apunte para humanos con dos ojos

La mayoría de los insectos posee lo que se llama ojo compuesto.

A diferencia del ojo humano —que tiene una sola lente por cada ojo— los insectos tienen centenares o miles de pequeñas lentes microscópicas.

Cada una de esas micro-lentes se llama omatidio.

Una mosca común puede tener entre 3,000 y 6,000 omatidios.

(Los omatidios son las unidades estructurales y funcionales básicas que componen los ojos compuestos de insectos, crustáceos y algunos otros artrópodos. Cada ojo compuesto puede contener desde unos pocos hasta miles de estos pequeños sensores independientes, que forman imágenes en mosaico, permitiendo una excelente visión periférica y detección de movimiento)

Cada omatidio captura un pequeño fragmento del mundo, y el cerebro del insecto junta todas esas piezas como si fuera un mosaico.

El resultado es un sistema visual extraordinario:

  • Detectan movimientos en fracciones de segundo.
  • Ven casi 360 grados alrededor.
  • Perciben vibraciones y cambios mínimos de luz.

Por eso es tan difícil aplastar una mosca.

Cuando uno levanta el periódico… ella ya vio el periódico levantarse en mil direcciones al mismo tiempo.

En términos científicos, la mosca posee una ventaja:

su visión está diseñada para sobrevivir.

 

II.-  El pobre ser humano y su par de ojos limitados

El ser humano, en cambio, apenas tiene dos ojos y un campo visual de aproximadamente 180 grados.

Es decir:

Vemos la mitad del mundo.

La otra mitad queda a nuestras espaldas.

Y lo peor no es eso.

Lo peor es que la imaginación humana completa lo que no vemos.

Y ahí empiezan los problemas.

Porque cuando la imaginación trabaja sin evidencia, produce tres cosas:

celos

sospechas

y novelas de telenovela.

 

III.-  La famosa mosca del drama sentimental

Hace años escuché una historia doméstica digna de la zoología emocional.

Una mujer —en medio de una batalla matrimonial— comenzó a referirse a otra chica con un apodo peculiar:

“La mosca.”

No porque la muchacha volara.

Ni porque tuviera alas.

Sino porque, según la lógica del momento, aparecía en todas partes.

La mosca estaba en la conversación.

La mosca estaba en el teléfono.

La mosca estaba en la imaginación.

 

Hay otra razón, nuestro personaje -esposa celosa- decía ser ella _abejita de miel_ que vuela a las flores y _la otra: 'la mosca'_ que vuela a la…

Pero lo curioso es que, en la mayoría de los casos, la famosa mosca solo existía en la cabeza del observador.

No en la realidad.

 

IV.- El fenómeno psicológico del “omatidio emocional”

Aquí ocurre algo fascinante.

Cuando una persona está dominada por los celos, su cerebro empieza a funcionar como el ojo de una mosca… pero al revés.

La mosca reúne miles de fragmentos para construir una imagen real.

El celoso reúne dos fragmentos insignificantes para construir una historia gigantesca.

Un saludo.

Un mensaje.

Un silencio.

Y de pronto la mente dice:

—Ahí está la mosca.

Cuando en realidad no hay mosca,

ni zumbido,

ni alas.

Solo imaginación con exceso de cafeína.

 

V.-  Ciencia pura: por qué las moscas nos ven mejor que nosotros a ellas.

La mosca posee una capacidad llamada alta frecuencia de fusión visual.

Esto significa que su cerebro procesa imágenes mucho más rápido que el nuestro.

Para una mosca, nuestros movimientos se ven en cámara lenta.

Así que cuando intentamos aplastarla, ella ya analizó la trayectoria del brazo, la sombra, la vibración del aire… y ya escapó.

Desde su perspectiva, el humano parece torpe.

Y quizá lo somos.

Pero no por los músculos.

Por la interpretación del mundo.

 

VI.- La tragedia humana: ver poco y suponer demasiado

La mosca ve miles de ángulos.

El humano ve pocos.

Pero el humano tiene una capacidad peligrosa:

la narrativa.

Inventamos historias.

Conectamos puntos invisibles.

Y donde hay silencio… ponemos argumento.

Así nacen las teorías, los celos, las sospechas y algunas tragedias matrimoniales.

 

VII.-  Moraleja entomológica

Cuando alguien te diga:

“Te están fallando los omatidios”.

Puede significar dos cosas.

Primera:

Que no estás viendo bien.

Segunda:

Que estás viendo demasiado en donde no hay nada.

Y ahí aparece la risa.

Porque la mosca —ese pequeño insecto que zumba en la cocina— tiene algo que muchos humanos no:

ve rápido, reacciona rápido… y no se inventa novelas.

 

Epílogo hipnótico

Tal vez la sabiduría consiste en esto:

mirar el mundo con menos sospecha y con un poco más de ciencia.

Porque cuando el amor se vuelve laboratorio de celos, hasta la más inocente de las mujeres termina convertida.

—en la imaginación del observador—

en una mosca.

Y entonces ya no fallan los omatidios.

Falla la serenidad.

Y en ese momento, querido lector, lo más sano es reír.

Porque si algo nos enseñan las moscas es esto:

la vida es demasiado breve para pasarla zumbando alrededor de un drama que tal vez nunca existió.

Fundación de letras hipnóticas AC quienes le invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención.