Apunte Diario Sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

La cápsula del tiempo y el olvido que ya somos

Ya somos el olvido que seremos

 

  1. Dentro de cien años.

 

Dentro de cien años, en 2126 —y 2226, +200—, el calendario habrá dado una vuelta más sobre el polvo del mundo y casi todos nosotros seremos apenas una inscripción borrosa en alguna lápida, un archivo digital olvidado en un servidor obsoleto o un recuerdo diluido en la memoria de alguien que ya no estará para contarlo.

 

Las casas cambiarán de dueño.

 

Los muebles que hoy consideramos herencia se volverán objetos anónimos.

Las fotografías que hoy custodiamos con celo quizá terminen en mercados de antigüedades, donde un extraño sostendrá la imagen de un rostro sin saber que ese rostro amó, sufrió, trabajó, soñó.

 

Y entonces surge la frase que hiere y libera:

 

“Ya somos el olvido que seremos.”

 

No es resignación.

Es lucidez.

 

 

  1. La ilusión de poseer.

 

El texto anónimo habla de lo vano que resulta vivir para conseguirlo todo. Comprar. Acumular. Construir una torre de posesiones creyendo que en la altura se encuentra la eternidad.

 

Pero la historia humana demuestra lo contrario.

 

Los faraones se enterraron con oro.

 

Los emperadores grabaron sus nombres en mármol.

 

Los banqueros modernos blindan fortunas en sistemas que creen indestructibles.

 

Y, sin embargo, el viento del tiempo es paciente.

 

Desgasta todo.

 

En mi oficio de notario, -Yo, Arturo, el Notario- lo sé mejor que nadie: los bienes cambian de titular; las voluntades se protocolizan; las herencias se reparten. La propiedad es un acuerdo temporal entre la ley y el calendario.

 

Y en ocasiones, la maldad humana.

 

Nadie posee nada para siempre.

 

Ni siquiera el cuerpo.

 

 

III. ¿Por qué entonces el ser humano hace lo contrario?

 

Porque tememos desaparecer.

 

Desde los filósofos medievales hasta los pensadores del siglo XX, la angustia ha sido la misma.

 

San Agustín buscó eternidad en Dios.

 

Tomás de Aquino en la razón divina.

 

Heidegger habló del “ser-para-la-muerte” como condición fundamental del hombre.

 

Camus vio en el absurdo la posibilidad de rebelarse y vivir con intensidad.

 

Todos, en el fondo, respondían a la misma pregunta:

 

¿Cómo vivir sabiendo que todo terminará?

 

La respuesta más pobre es la acumulación.

 

La más alta es la trascendencia.

 

 

  1. La verdadera cápsula del tiempo

 

No son las cajas enterradas con periódicos y monedas.

 

La verdadera cápsula del tiempo es la conciencia.

 

Es el gesto bondadoso que modifica el curso de otra vida.

 

Es el libro escrito con honestidad.

 

Es el hijo formado con dignidad.

 

Es el acto justo en medio de la corrupción.

 

En cien años, quizá nadie recuerde nuestros nombres.

 

Pero las consecuencias de nuestras decisiones seguirán respirando.

 

Un juez justo cambia generaciones.

 

Un maestro despierta siglos.

 

Un padre recto edifica futuros invisibles.

 

Esa es la hipnosis auténtica: comprender que la trascendencia no necesita aplauso.

 

 

  1. El vértigo de la finitud.

 

Aceptar que seremos olvidados produce vértigo.

 

Pero también libertad.

 

Si todo pasará, ¿por qué vivir esclavizado por la opinión ajena?

 

Si todo se desvanecerá, ¿por qué no elegir la belleza, la bondad y el viaje interior?

 

El texto anónimo dice:

 

“Gastemos la vida realizando viajes y buenas acciones antes de que sea demasiado tarde.”

 

Viajar no es sólo trasladarse de geografía.

 

Es moverse de conciencia.

 

Es expandir el espíritu.

 

  1. Lo que piensa Letras Hipnóticas

 

Letras Hipnóticas no niega el olvido.

 

Lo abraza.

 

Porque el olvido es el gran nivelador universal y no la muerte

 

La muerte y la vida son y pertenecen al dominio exclusivo de Dios.

 

Uno ¿Qué?

 

Hay una máxima trascendente:

 

El tiempo nos iguala.

 

Pero mientras respiramos, tenemos el privilegio de elegir cómo arder.

 

Letras hipnóticas: —este proyecto de cincuenta tomos— es ya una cápsula lanzada al futuro.

 

Quizá dentro de cien años alguien encuentre una página amarillenta o un archivo digital con este nombre y sienta que hubo un hombre en Oaxaca que pensó, que amó la palabra, que intentó comprender el misterio.

 

Eso basta.

 

 

VII. Cronocolario: Carta al año 2126

 

A quien lea estas líneas cuando mi generación sea polvo:

 

No vivas para acumular lo que el tiempo quitará.

 

Vive para sembrar lo que el tiempo multiplicará.

 

Si encuentras mi nombre, no me busques en el mármol.

 

Búscame en la intención.

 

Si alguna frase te inspira a ser más justo, más libre, más consciente, entonces no habré sido olvidado del todo, no habré muerto.

 

Porque nadie desaparece mientras sus actos sigan produciendo eco.

 

VIII. Seamos felices

 

Pero no una felicidad superficial.

 

Sino la felicidad del que entiende que la vida es un préstamo breve y luminoso.

 

La felicidad del que sabe que el amor pesa más que la propiedad.

 

Que el honor vale más que la fama.

 

Que la conciencia tranquila es más durable que cualquier monumento.

 

Que tú destino no es ser facturero, coadyuvante del mal y la maña, recolector o ayudador del dolor ajeno. Ente brazo ejecutor de un Moloch o un Baal, cómo mis paisanos y colegas, atridas, que se odian, se escarnian ...

 

Ya el poeta costeño lo tarareo perfecto:

 

mientras que tus hijos como los atridas se escarnian, se odian y en sus tropelías vierten el alarde de su sangre estéril, sobre los redaños de tu geología, porque sus recuerdos, a moloch adoran.

 

 

  1. La última línea

 

Sí.

 

Dentro de cien años, otros vivirán en nuestras casas.

 

Pero hoy nosotros habitamos el instante.

 

Y el instante es sagrado.

 

Somos el olvido que seremos.

 

Pero también somos la semilla del futuro que aún no sabe nuestro nombre.

 

Esa es la paradoja gloriosa de existir.

 

Y mientras haya conciencia, mientras haya palabra, mientras haya un hombre dispuesto a escribir y otro dispuesto a leer…

 

el tiempo no nos vence del todo.

 

A mí México sangrante y adolorido:

 

...Y cuando tus hijos ya no sean atridas,

cuando tus recuerdos hallen su picota

cuando se restañen tus arterias rotas

y queden tus grandes montañas vencidas,

que este mismo verso metamorfoseado

diga el florilegio de un himno sagrado

de cuyas estrofas prendan bucles de oro que besen tu frente

mientras que el brebaje de tus aguardientes deje notas chulas para mis canciones,

para la chilena que es entre tus sones el arpegio cumbre que bailan los dioses, aquí en el Olimpo de mis pretensiones.

 

(Última estrofa de:

Canto a Costa Chica, poema de Alvaro Carrillo)

 

Dr. Arturo David Vásquez Urdiales

 

Apunte diario sobre Letras Hipnóticas.

 

Cápsula sellada.

Fecha: Presente.